Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Corrida de toros.
FERIA DE SAN ISIDRO. 1ª DE FERIA.
“Un toro de diseño y un apoderado con poder”
Tras el reconocimiento de 11 reses, los veterinarios encontraron 6 animales que abrirían la feria de San Isidro. Mal comienzo con movida en los corrales. Se puso el “No hay Billetes”. Ya podrían esmerarse los empresarios en la selección del ganado para una plaza de primera, pero las figuras deben pesar mucho en estas decisiones.
Después de esto la corrida vino mal presentada y varios ejemplares fueron protestados por su falta de trapío. ¡Toros para figuras! De casta no hablemos y de bravura, menos, pero sí de nobleza y blandura. ¡Toros para figuras! El quinto y sexto dieron algunas muestras de castita, pero nada más. Al cuarto le dieron la vuelta al ruedo por ser un animal más propio de la Inteligencia Artificial.
Terna:
Talavante. De blanco con remates negros. Silencio en su primero y dos orejas en su segundo. Salió por la Puerta Grande.
Juan Ortega: De azul cielo bordado con hilo blanco. Silencio en ambos.
Tristán Barroso. De purísima y oro. Silencio en el toro de su confirmación y silencio en el sexto.
Presidente: D. Pedro Fernández Serrano.
No fue justo con la fiesta y con la supuesta seriedad de la plaza. En el cuarto Concedió el primer trofeo a petición del público, hasta aquí bien, pero el segundo trofeo debía haber sido mucho más riguroso y no actuar con tanta frivolidad. No se lo pensó dos veces en mostrar el segundo pañuelo, seguido del azul para dar la vuelta al ruedo a Ganador. Un animal que hizo un juego de manso en el primer tercio. No estuvo a la altura de la seriedad que venían mostrando sus compañeros del equipo presidencia esta temporada. Pero… ¿a cuento de que vino esto Sr. Presidente?
Suerte de varas:
Los picadores no tuvieron la necesidad de ser muy rigurosos en el castigo, el ganado no lo necesitó. La corrida fue blanda y mansa, varios de ellos salían sueltos del peto y no se entregaron en la pelea.
CUADRILLAS.
Las cuadrillas dio la impresión de no querer lucirse en sus labores. Podría ser que recibieran órdenes de sus matadores de no robarle aplausos. En el sexto se desmonteró Mathieu Guillón, pero en honor a la verdad, pareó a toro pasado.
Crónica:
Talavante a su primero no quiso ni verlo. De hecho no se manchó ni el traje. El toro soltaba la cara en los remates originando enganchones en cada muletazo y citando al hilo del pitón como norma de la casa. En cuarto lugar apareció en el ruedo Ganador al cual el torero no quiso saber nada al recibirlo de capote. En el caballo y en la primera entrada el animal se defendió y salió suelto, y en la segunda se repuchó y volvió a salir suelto. No se empleó en ninguna de ellas. Pero eso no importó para lo que vendría después. En el último tercio el matador lo recibió con muletazos por alto y cuando comenzó a citarlo por el derecho lo hizo con el pico por delante como cualquier torero moderno. El toro embestía como un animal de diseño, perfecta condición para el lucimiento del torero. Así lo entendió y se puso a dar muletazos si cruzarse en ningún momento y como dije siempre con el pico por delante. Fue muy hábil Talavante, y el público cayó a sus pies con cuatro remates, eso sí muy templados. A falta de pan, buenas fueron t… y con cuatro adornos y cuatro muletazos por bajo, se metió al público en el bolsillo. Pero ojo, de torear, nada de nada. Solo mucha pinturería. Pero lo bueno estaba por llegar, mató de una estocada desprendida y tendida, pero eso no debió importar a la presidencia, ya que después de conceder un trofeo a petición del público, inmediatamente apareció el segundo pañuelo blanco. No terminó con esto el regalo. Sin dudarlo un momento, sacó el pañuelo azul y a Ganador se le dio una póstuma vuelta al ruedo. El ganadero quedaría perplejo en su condición de aficionado. O no. De lo que no quedó ninguna duda es quien manda en la fiesta.
Y Juan Ortega. ¿Estuvo o no estuvo? A su primero lo sacó a la segunda raya de picadores y comenzó a citarlo con pinturería sevillana, pasándolo por la muleta colocado al hilo y a partir de la segunda tanda por el pitón derecho se dedicó a hacer de enfermero con la pañosa a media altura. Llegó a aburrir hasta al animal. Los aplausos insidiosos de los aficionados determinaron que tomara el acero. El quinto fue otro cantar, tampoco por sevillanas, ya que animal mostró un poquito de casta y al sevillano le vendría grande el baile que marcaba Encumbrado, tocándole el trapo rojo en cada muletazo y una falta evidente de colocación.
El toricantano Tristán Barroso estuvo muy voluntarioso con sus dos enemigos y entre las dos faenas se pudieron ver algunos detalles que deberá pulir, si recibe oportunidades, podemos esperar un torero con futuro. El sexto le dio un revolcón al citarlo de rodillas y con el pase cambiado, que afortunadamente no le impidió continuar la lidia.
©Pepeíllo.