Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Corrida de toros.
“Corrida In Memoriam de Ignacio Sánchez Mejías.”
“Encerrona” de Borja Jiménez.
Se corrieron seis toros, tres de Domingo Hernández, 1º, 3º, 5º y tres de Toros de Cortés, 2º, 4º, y 6º. Cuatro cuatreños, 1º, 3º 5º y 6º, y dos cinqueños, 2º y 4º, ante la atenta mirada de un lleno de no hay billetes. Fueron devueltos a los corrales tres, el segundo, tercero y quinto. En su lugar se corrieron los dos sobreros, uno de Victoriano del Rio, el segundo sobrero de Domingo Hernández y un tercero lidiado en quinto lugar de El Torero. El bagaje obtenido por Borja Jiménez, fue una vuelta al ruedo en el cuarto y aplausos en el quinto.
Terna:
Borja Jiménez (Único espada): de blanco y oro.
Álvaro de la Calle (Sobresaliente:
Salvador Ruano (Sobresaliente).
Qué pensaría Ignacio Sánchez Mejías, allá donde esté, de lo que ocurrió en Las Ventas con la “encerrona” de Borja Jiménez en su recuerdo. Pensaría que la tarde no pudo comenzar mejor. Un ganado elegido para el lucimiento del sevillano y para el goce de los tendidos, que tuvo el detalle de recibir a su primero frente a toriles de la que salió apurado y tuvo que tomar el olivo. Compensó a los sufridores de los tendidos, con una larga cambiada en el tercio. Con la muleta recibió a Capuchón, de Domingo Hernández, con unos muletazos por alto acompañados de unos suaves trincherazos, una tanda por el derecho sin descomponer la figura y después una buena tanda al natural. Parecía el principio soñado, pero el sueño se vino abajo cuando el animal se echó durante la faena. Todos quedaron sorprendidos, incluso Sánchez Mejías se sorprendería ante tal "bufonada" que marcó un antes y un después en la tarde.
Continuó la “encerrona” con la devolución del segundo de Toros de Cortés, lidiándose un sobrero de Victoriano del Rio. Se irán dando cuenta que la “encerrona” estaba muy bien cerrada de antemano, pero para evitar que nadie se sintiera engañado, el torero volvió a recibir a su enemigo frente a toriles, pero al llegar el último tercio el animal no pudo ofrecer nada que reconfortara los tendidos. Los aficionados comenzaron a vociferar, toro, toro, toro…, y todas esas “fruslerías”, sin caer en la cuenta de la “gesta” del torero sevillano… Menuda gesta.
Pero lo que mal comienza, no quiere decir que tenga que terminar así. El tercero de la tarde de Domingo Hernández, también fue devuelto a los corrales. Mal cariz tomaba la tarde. Los aficionados continuaron con sus quejas, a la presidencia y a Plaza1, que seguramente estarían contando los billetes de la recaudación en los despachos, en eso mismo lugar donde contratarían la “gesta” del torero y la limpieza de corrales que se vislumbraba en el horizonte. A ver si los aficionados enloquecidos por la falta de fuerza, casta, y presentación del ganado, iban a llevar razón en sus quejas. En su lugar salió un sobrero de D. Hernández, que fue recibido en el último tercio por el torero con un pase cambiado, pero el animal afeó las intenciones del matador acudiendo con un tranco más propio de un cochino que de un toro que quiere comerse lo que encontrara en el ruedo. En un muletazo clavó los pitones en la arena y todo su cuerpo fue rodó por el albero. Ese albero que en sus tiempos sería testigo de “gestas” y que serían recordadas, por Sánchez Mejías, El matador tomó el acero y los aficionados, mosqueados por la “encerrona” volvieron a mostrar su descontento. “Qué pesados”… la tarde se estaba torciendo y con dudas si lo que quedaba de la “gesta”, sería suficiente para enderezarla.
En cuarto lugar se corrió un toro de Toros de Cortés, al cual el torero lo lanceó en los medios con la indiferencia de los tendidos. Con el trapo rojo en la mano, se hincó de rodillas, como cualquier torero que busca una oportunidad, pero sin “gestas”. Su labor fue acelerada, como si quisiera ganar el terreno perdido en la cantidad y no en la calidad. Cuando intentó el toreo al natural lo hizo escondiendo la pierna contraria. No hacía falta, el toro se toreaba solo. Y hasta Sánchez Mejías hubiera soñado un toro así en su época. Para contentar a los presentes, el torero tiro de repertorio original y ofreció unas manoletinas. ¿Las recuerdan? Tanto tiempo sin saber de ellas. Hubo petición minoritaria, y el presidente no cedió en esta ocasión a la petición popular. Con lo mostrado por el torero había suficiente. Incluso la vuelta al ruedo fue protestada.
Pero salió el quinto, un novillote, que quiso ser lidiado como toro, pero en esta ocasión no coló. En la devolución a los corrales y en manga de toriles, el animal se dio la vuelta y corneó a un empleado de la plaza. En su lugar salió un tercer sobrero de El Torero. Cuando el sevillano tomó la muleta lo sacó a la segunda raya de picadores sometiéndolo por bajo, pero el toro no se empleó en la pelea, no tuvo recorrido y acudía al engaño casi por obligación, sin tener en cuenta que estaba dejando en ridículo al ganadero y por supuesto engañando a la concurrencia.
El último cartucho fue un toro de Toros de Cortés, pero para no dejar en ridículo a sus compañeros de camada no desentonó en su lidia, y después de recibirlo el sevillano con la muleta, lo hizo citando al hilo y ante la sosería de su enemigo por el pitón izquierdo, Borja Jiménez que así se llama el torero de la "encerrona", decidió finiquitar a Soñador, dándole la oportunidad de seguir soñando en el más allá, porque en el más acá, aunque tuvo la oportunidad, no demostró nada.
Una penúltima reflexión. ¿Conocería el torero la "encerrona" que le tenían preparada en los despachos y en los corrales, tanto a él, a los aficionados y a la fiesta? Si fue así, le costará recuperarse de este rotundo fracaso y de la afrenta al recuerdo de uno de los paladines del torero y de la cultura, que tuvo la mala suerte de encontrar su destino en las astas de Granadino en la plaza de Manzanares. Si no fue así, está tardando en despedir a su apoderado y a sus asesores, si es que lo tiene. Y ante tanto derroche de pureza, el sevillano no dio opción a que sus compañeros de cartes realizaran un solo quite. Y para no desentonar con ellos, el tampoco los hizo.
©Pepeíllo.