miércoles, 25 de mayo de 2022

Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo.

Feria de San Isidro 2022. 18ª Festejo de abono.

Corrida de toros

“Tarde anodina”

Ganadería

Se lidiaron seis toros de Fuente Ymbro, encaste Juan Pedro Domecq Díez en la línea de Jandilla. Ganado ni de fu ni de fa. Cuando acudían al caballo, se dejaba pegar, los picadores sentían pena y levantaban la vara después de marcar el castigo, otros le tapaban la salida como si de mansos pregonaos se tratara, y algunos salían sueltos del caballo. Justitos de fuerzas y sin casta, en fin un ganado anodino para una tarde anodina, donde lo mejor fue lo que pudo ser, y la merienda.

Terna:
  • Diego Urdiales. De verde y oro. Metisaca en los bajos que no le dio opción al torero de rectificar su error. El animal rodó como una bola. Silencio. En el cuarto pinchazo, media estocada arriba saliéndose de la suerte y 2 descabellos. Cosechó en su labor otro Silencio.
  • Roca Rey: De marino y oro. En su primero estocada caída. Palmas. En el quinto dos pinchazos y estocada tras aviso. División de opiniones.
  • Ginés Marín: De “clarete ribera” y oro. Estocada desprendida. Silencio. Estocada arriba, aviso y silencio como premio a su labor.
Presidente: D. Juan Francisco García González.

No anduvo fino el presidente, no devolvió el tercero a los corrales e hizo perdedores a los aficionados y ganadores a los empresarios, que se ahorraron un sobrero, arrastrando con ello el enfado de los perdedores. Si el animal no reúne condiciones para la lidia, hay que devolver el toro a los corrales, eso dice el reglamento.

Cuadrillas y otros.

En tarde soleada y de buena temperatura, el coso de la antigua Carretera de Aragón, registró otro lleno hasta las andanadas, y en las taquillas se colocó el cartel de “No hay billetes”. Al finalizar el paseíllo tuvo que saludar el diestro Ginés Marín para corresponder a los aplausos de los aficionados, después de la cornada que sufrió al comienzo de la feria

Las cuadrillas trataron de cumplir en su labor y casi lo consiguieron. En el segundo de la tarde se desmonteró Javier Ambel en el tercio de banderillas. Toreó muy bien Ambel, llegando a los tendidos en el arte de ganarle la cara a su enemigo y haciendo fácil una suerte que muchos de sus compañeros denigran tarde tras tarde, donde solo buscan el sueldo y la admiración que profesan los espectadores al entrar a la plaza luciendo el traje de luces. Los aplausos de los picadores fueron para Sergio Molina, que en el segundo. Picó por derecho y midió el castigo.

Comentarios:

Roca Rey en su primero se fue de vacío y la tarde iba camino de convertirse en otro fracaso en cuanto a lo acontecido en el ruedo. El peruano venía amparado en el cartel por el riojano Diego Urdiales que en ningún momento tuvo la necesidad de sacar el poder de su muleta para dominar a sus dos enemigos. A su primero llamado Histérico, lo sacó a los medios sin florituras y con temple pero sin sometimiento, su enemigo no lo necesitaba, Dio unas tandas aseadas por el pitón derecho y unos naturales llevando al toro con suavidad, pero al “gallardo” le costaba repetir y con ello que la faena llegara a los tendidos. Los espectadores se impacientaron ante la sosería de lo que ocurría en el ruedo. Al manso que le tocó en suerte en cuarto lugar, de nombre Tamboril, intentó pasarlo en la muleta con la derecha, pero el animal no respondía a la exigencia del matador riojano. Al natural se le coló y los presentes llegaron a la conclusión que estaba todo visto. Así fue.

Como remate cerraba el cartel, Ginés Marín, que en su primero se tuvo que tragar un inválido por decisión presidencial. Lo sacó a los medios y en los primeros laces se pudo ver que nada había que hacer. El sexto de nombre Hechizo, comenzó la faena de muleta acudiendo con tranco, pero el torero sevillano no encontró el sitio para intentar transmitir su labor a los tendidos por el pitón derecho. Lo intentó también al natural pero le faltó ligazón ya que al animal le costaba repetir.

La atención se fue focalizando en Roca Rey. Su primero de nombre Hablador, se dejó pegar en el caballo y no fue castigado. Cuando llegó a la muleta el torero peruano lo recibió con unos estatuarios ajustados, para calentar el ambiente, pero al someterlo por bajo el animal perdió las manos, mostrando signos de debilidad que le sirvió para defenderse en lo que restaba de faena, quedándose corto en las embestidas y rematando con brusquedad los muletazos. El matador se limitó a ofrecer unas tandas de muletazos baratos. Faltaba el quinto. Su nombre, Escribiente, un manso que desarmó al torero en el primer lance de la faena. Puso voluntad la figura contratada, que hay que decir que terminó de rellenar la plaza y puso voluntad para convencer a sus incondicionales, pero no a los aficionados. Estos no se dejaron convencer ante un toreo de poca monta del peruano, que trato de engañar a la parroquia fija del coso, con un toreo despegado y ventajista, y eso en una figura, que aunque llene el escenario venteño, no está bien visto. No terminó con esto su labor. Dio la impresión que estaba dominando al toro, cerrándolo en sus querencias, pero fue al contrario, el toro lo llevó donde le convenía, buscando el amparo de las tablas. Quiso solucionarlo con muletazos voluntariosos y ventajistas, pero ese no era el fin que el torero esperaba. El fallar con el acero le privó seguramente de la salida por La Puerta Grande, pero hubiera sido una P. G., muy barata, como barato fue lo que ofreció a sus incondicionales, hecho que seguramente le importaría un bledo. Torero, una cosa es vencer y otra convencer.

©Pepeíllo.

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