jueves, 21 de mayo de 2026

Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Corrida de toros.

12ª DE FERIA. 3 del Puerto de San Lorenzo y 3 de La Ventana del Puerto.

“¡Creíamos que lo había visto todo!

Anunciaron tres toros del Puerto de San Lorenzo y 3 de La Ventana del Puerto. El mismo ganadero el mismo apaño. Con un lleno absoluto la empresa podría ofrecer lo mejor de las camadas, pero como dice la sabiduría popular: que el público proteste, mientras nosotros nos estamos llenando de… ¿De qué? De dinero, de indignidad, ante la mirada indignante de la Comunidad de Madrid… Y este bodrio de espectáculo tuvieron la osadía de celebrarlo ante un cartel de “No hay billetes” y con un ganado impropio de una plaza de primera. ¿Y para qué? ¿Para lo que ofrecieron los finos toreros, de Alicante y Sevilla? El segundo y cuarto fueron devueltos a los corrales, como debió haberlo hecho el primero. En segundo lugar salió un sobrero de José Vázquez, que también fue protestado. Al toro le salvaba la cara, pero era un novillote crecido. En cuarto lugar salió el segundo sobrero, de la ganadería de El Freixo.

Terna:

José M. Manzanares. De nazareno y oro. Estocada tendida. Tarda en caer. Silencio, En el cuarto estocada desprendida. Silencio.

Juan Ortega: De pistacho y oro. Estocada desprendida. Silencio. En el quinto estocada baja. Silencio

Pablo Aguado. En el tercero media desprendida. Aviso, descabellos, 2º aviso, descabellos, 3ª aviso. Le echaron el toro al corral. El pobre animal en su agonía dio la vuelta al ruedo. El matador intentó continuar pegando golpes de verduguillo y uno de su cuadrilla tuvo que sujetarle la mano. El animal no se podía mover, y salieron los cabestros. ¿Para qué? ¡Habría que corregir tantos detalles en la fiesta! Pero mientras los unos se dediquen a ganar dinero a esportones, otros a dar despojos para alimentar a los triunfalistas ignorantes, y la comunidad mire para otro lado… Tuvo que despenarlo el puntillero de la plaza desde un burladero del 5, después de encoger los corazones hasta de los más insensibles al ver sufrir al animal.

Presidente: D. Iñaki Sanjuán Rodríguez.

Devolvió dos toros al corral por falta de fuerzas y debió haber devuelto también al primero, quitándole la oportunidad de lucimiento al alicantino.

Suerte de varas:

Lo único destacable fue el juego que dio el quinto en la segunda entrada al caballo. ¡Qué vara más bonita!. Metiendo los riñones y con fijeza. El resto, lo de siempre, puyazos traseros y midiendo el castigo para que los animales llegaran a la muleta para el triunfo de los “finos toreros”, Pero se pasaron en el cuidado. Y lo que se pregunta el aficionado, ¿No son figuras? pues que lo demuestren ante la exigencia de la casta y la bravura

CUADRILLAS.

Cumplieron las cuadrillas en general. Gustó mucho el correr a los toros a una mano. Qué pena que no se repita con frecuencia esta suerte.

Crónica:

Los que llenaron el coso venteño creerían que lo habían visto todo en esta feria, pues ayer las figuras demostraron que les queda mucho que aprender. Todo estaba preparado para un triunfo y con el mínimo esfuerzo. Las casas poderosas de la TAUROMAQUIA eligieron un ganado de acuerdo a las condiciones de sus toreros, que cuidan entre algodones, pero se olvidaron que estaban en Madrid, y alguna vez se sienta en el palco un presidente que cumple el reglamento. Pero les da igual, tienen a la prensa para tapar “sus miserias”, y a seguir consumiendo “su fraude”. Los toros devueltos no hubieran corrido la misma suerte en otras plazas, donde los toreros hubieran hecho de enfermeros y valorados en estas funciones, pero es que los sobreros siguieron el mismo camino que los titulares. En fin que todo estaba atado y bien atado. Pues, vaya fiasco.

¿Manzanares que pintaba en el cartel? Ir por delante de las figuras, ¿qué figuras? Figuras del postureo... Tan necesitado de contratos está el “fino torero alicantino”. En su primero de nombre Cardilisto, un animalito sin cara, al tercer muletazo perdió las manos. El alicantino lo tuvo que pasar a media altura por el pitón derecho y colocado para no obligar al animal. Eso si, los muletazos fueron llenos de “sabiduría torera y empaque”.¿O no? No creo que nadie lo dudara. ¿O sí? El pobre animal al pasar por el trapo rojo tanto por el pitón derecho como por el izquierdo, echaba miradas maliciosas a los tendidos llenos de apasionados “isidros”, burlándose de ellos y tratando de decirles, “hoy no es vuestro día”. ¿Qué esperabais? Un faenón del alicantino, si os contara lo que escucho en la dehesa, no volveríais a los toros en vuestra vida. Pero, allá vosotros. "El maestro" Manzanares se debió percatar de lo que el toro trataba de comunicar a la audiencia y para evitar males mayores, lo despenó de una estocada tendida. En el silencio del arrastre el toro delator llevó su penitencia. Pero el torero también. El cuarto tuvo que ser devuelto a los corrales y salió otro animalito de El Freixo, pero preparadito para la ocasión. Esto no estaría en el guión del “maestro”, pero a grandes problemas, grandes remedios. El toro acudía a la muleta sin recorrido pero en lugar de mandar para prolongar la embestida de Travieso, el “fino torero alicantino” se limitó a hacer de enfermero citando con la muleta a media altura hecho que el animal agradecería al torero su disposición en los últimos momentos de su vida, considerando que fueron dos incomprendidos por la afición venteña. El toro ya no volverá a pasar por ese trance, pero ¿y los aficionados? La vida sigue y quién sabe si el año que viene a alguien se le ocurre alimentar de nuevo las ilusiones de los tendidos con el anuncio de este “fino torero alicantino”. No demos más pistas.

Pero no solo de Manzanares viven “los isidros”. Le acompañaban otros finos toreros sevillanos que también tuvieron que sufrir los primeros calores de las exigencias venteñas. Juan Ortega, estuvo casi desaparecido. Pasó por la tarde de puntillas. El fino torero sevillano tampoco tuvo suerte en su lote, le devolvieron el primero que vendría de "reata" para la ocasión y le prepararon una encerrona con un sobrero de José Vázquez, y en plena feria de San Isidro. ¡Eso no se hace! El animal al no saber donde estaba comenzó a dolerse en banderillas mientras lo sujetaban en el burladero para que el elegante torero pudiera pedir permiso al presidente, sin conocer que esos detalles antes se valoraba mucho, y que era signo de mansedumbre, pero desgraciadamente hoy son el pasado. Alguien pensará, y con razón, por qué cuento estas historias. ¿Qué quieren que cuente? ¿Que al segundo muletazo, insisto, ¡al segundo muletazo! el animal perdió las manos, llenando con esto de desilusión tanto a los “isidros” como a los “triunfalistas”, que tuvieron que continuar guardando sus “moqueros” para otra ocasión? Contado queda. En el quinto el “fino torero sevillano” ofreció a “su público” la misma receta. Cierto que no estaría en el guión que Genecito se empleara en la segunda entrada al caballo que montaba Oscar Bernal, y que fue lo mejor de la tarde, pero el resultado fue que el animal llegó a la muleta muy mermado de fuerzas y a pesar de esto el fino torero sevillano le aplicó la fórmula del destoreo, tan incrustada en sus genes. Si se hubiera ausentado de la plaza, seguro que nadie hubiera notado su ausencia. O si.

Pero lo que nadie esperaba en esta tarde de figuras, es la papeleta que se le presentó a Aguado en el tercero. Menudo papelón por el tuvo que pasar el sevillano, no se lo recomiendo ni a mi peor enemigo, si los tuviera, claro, y menos a él. Tan serio, tan apreciado su arte por la afición “isidril”, y le tuvo que aguantar el indecoroso tercer aviso de la presidencia. En la suerte de varas, Lirio que era el nombre del pobre animal, tuvo que pasar por un momento desagradable, en la segunda entrada al caballo al picador se le rompió el palo y sin emplearse el animal, el torero pidió el cambio, pero la presidencia le diría que no estaba en un pueblo, donde hacen de su capa un sayo, o algo así. El caso es que Lirio llegó a la muleta hecho un verdadero carretón pero con querencias hacía el amparo de las tablas. El torero le recetó dos tandas por el derecho, la primera más ajustada, pero en la segunda comenzó su martirio. El del Puerto de San Lorenzo le pedía las tablas y el fino torero sevillano se las negó sacándolo a los medios para intentar el toreo al natural, pero por ese pitón se encontró con otro toro que no supo entender. Cuando intentó despenarlo se vengó por no darle las querencias y no quiso doblar las manos hasta que el torero recibió los tres avisos. Lo sentí matador, pero hay que saber medir los tiempos de la faena. Los aficionados que han vivido tiempos pasados aún recuerdan los recomendados cinco minutos que duraba la labor de una faena y de triunfo. Estos soñadores aún no se han acostumbrado a la pesadez de las largas faenas que los somete el toreo moderno. En el quite que realizó al quinto pudo simular el famoso y recordado “quite del perdón”, desaparecido por el nuevo reglamente de las dos entradas al caballo. En el sexto y en último tercio lo sacó a los medios con solo dos muletazos. Pero cuando le bajó la muleta Liviano perdía las manos. Tenía las fuerzas justas y solo le servían para defenderse en la pelea que le prestaba el torero sevillano. En otra ocasión pintara de otro color, “maestro”, pero en esta la decepción fue total.

©Pepeíllo.

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