Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Corrida de novillos.
FERIA DE SAN ISIDRO. 3ª DE FERIA.
“Reivindicación del toreo al natural. Mereció la pena esperar media hora”
FERIA DE SAN ISIDRO. 3ª DE FERIA.
“Reivindicación del toreo al natural. Mereció la pena esperar media hora”
Cuarta de feria. Con novillos de Montealto, de procedencia Domecq Díez y Domecq Solís, en las líneas de Algarra y El Ventorrillo, según cuentan los escritos, el coso registró un aforo de 20.371 espectadores y como siempre, según la empresa. Bien presentada la novillada, algunos con romana de toros de figuras. El tercero fue aplaudido de salida y el primero y segundo en el arrastre. La lluvia en el tercero dio un susto a los tendidos y los espectadores se pusieron a cubierto en las gradas. El agua, como sabia que es, no quiso perderse lo que ocurriría en la tarde, como también lo fueron los aficionados que no faltaron a la cita para engrandecer los festejos menores. Los “otros”, los “triunfalistas”, pasan de estos festejos, en su afición solo tiene cabida las figuras de cartón piedra. Ellos se lo perdieron.
Terna:
Tomás Batos. De gris perla y oro a criterio de mi amigo Rubén y su acompañante. En su primero se le regaló un silencio y en su segundo el premio a su labor fue el mismo, silencio.
Martín Morilla (Confirmación): De verde esmeralda a criterio de María. En el segundo, silencio y en quinto de nuevo escuchó otro silencio atronador.
Álvaro Serrano. De azul noche y oro. En el tercero oreja y petición minoritaria de la segunda. En el sexto oreja y mínima petición de la segunda. Abandonó el coso a hombros por La Puerta Grande camino de la calle de Alcalá. Como decían los antiguos.
Presidente: D. Juan Carlos González Carvajal.
Bien el presidente. No cayó en la trampa que le tendió el triunfalismo reinante al solicitar un segundo trofeo en el tercero para Álvaro Serrano. Se le protestó en el tercero el cambio en el primer tercio, al considerar la afición que no estaba picado. En la primera no se le vio.
Martín Morilla (Confirmación): De verde esmeralda a criterio de María. En el segundo, silencio y en quinto de nuevo escuchó otro silencio atronador.
Álvaro Serrano. De azul noche y oro. En el tercero oreja y petición minoritaria de la segunda. En el sexto oreja y mínima petición de la segunda. Abandonó el coso a hombros por La Puerta Grande camino de la calle de Alcalá. Como decían los antiguos.
Presidente: D. Juan Carlos González Carvajal.
Bien el presidente. No cayó en la trampa que le tendió el triunfalismo reinante al solicitar un segundo trofeo en el tercero para Álvaro Serrano. Se le protestó en el tercero el cambio en el primer tercio, al considerar la afición que no estaba picado. En la primera no se le vio.
Suerte de varas:
Destacar que La Asociación el Toro de Madrid, ha conseguido lo imposible. Primero, el pesaje de los caballos de picar, y segundo, que esta temporada salgan caballos más ligeros en el primer tercio. Enhorabuena, amigos. El juego en el caballo fue variado. Hubo picadores que picaron arriba y midieron el castigo en función del empuje de los novillos En el sexto destacó en esta bella suerte Héctor Vicente, que abandonó el ruedo entre los aplausos del respetable. En la parte negativa, en el quinto al picador Manuel Ramos se le partió la vara y quiso picar con las astillas del palo roto. ¡Qué feo detalle, picador. Si lo piensa, tardará en sentarse en un caballo para ejercer esta bella profesión! El segundo y tercero derribaron a sus montados y este último se dio una buena costalada al caer.
CUADRILLAS.
En el primero fue aplaudido Iván García, que no consideró desmonterarse a petición del público a través de los aplausos. En el primer par clavó a toro pasado y en el segundo se apoyó en un pitón. En el tercero Ignacio Martín se la jugó ganándola la cara en el único par que puso.
Crónica:
Decía un periodista, que las faenas son de cinco minutos, y si puede ser con el toreo al natural, utilizando la derecha para adornarse. Pero la realidad hoy es otra. Con esta frase predijo el camino que ha tomado la fiesta. Pero ayer ocurrió un milagro, y el autor de ese milagro, tiene nombre y apellidos, se llama Álvaro Serrano, El no había nacido, o mejor dicho, lo hizo cuando este honrado periodista nos dejó.
Álvaro Serrano marcó de nuevo el camino del toreo de verdad que los aficionados exigen tarde tras tarde, donde cada vez con más frecuencia se produce el triunfalismo, nacido en los suburbios de los despachos y se manifiesta en el ruedo con toreo barato e inconexo y con decisiones de presidentes frívolos. De frivolidad nada, señores. Ayer Álvaro Serrano puso firme a la fiesta con su toreo al natural, es decir de arriba abajo y de fuera adentro, o así lo creo yo, deleitando a los presentes con la mano izquierda, la mano de los “biyetes”, como decían los antiguos. Con la faena al sexto no solo deleitó a todos, sino también a los que tuvieron la paciencia de esperar media hora en el metro, por decir algo. También llenaría de vergüenza a estas figuras de hoy, y que hoy se arrastran por los ruedos con un toreo ventajista e impropio de la categoría que han alcanzado. En el sexto el novillo tardó en caer y se enfrió el ambiente en la petición del segundo trofeo. Hubiera sido un triunfo rotundo, se lo mereció el joven espada.
Hoy no toca hablar de trofeos ni de decisiones detallistas, el toreo al natural eclipsó todo lo demás. Pero hay que decir que en tercero, también anduvo fino el torero de Navas del Rey, mostró detalles en su toreo a pesar del viento reinante que marcó de alguna manera la rotundidad de su labor.
También eclipsó, la labor de sus compañeros de terna, que no encontraron en sus engaños enfrentarse al viento reinante en la primera parte del festejo. El primero de Tomás Bastos mereció otra faena que no fuera la falta de colocación y el toreo al hilo. Su segundo tuvo menos transmisión pero el torero portugués tampoco anduvo fino con los engaños, que no fuera dar muletazos para cubrir el expediente.
Martín Morilla mostró en su primero algunos detalles, sacó a su enemigo a los medios sometiéndolo con maneras, dando dos series con la derecha con buen trazo. Al natural el novillo tuvo menos recorrido y se fue apagando con una vela que nada tenía que alumbrar. En su segundo muchos muletazos dio el torero sevillano ante un burel que tuvo poco que ofrecer y tampoco supo aprovecharlo.
Eso fue todo, amigos.
©Pepeíllo.
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