sábado, 15 de agosto de 2026

 Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Corrida de toros nocturna.

“Las verónicas de José Garrido y nada más”

En tarde fresca y con amenaza de lluvia se anunciaron seis toros de Arauz de Robles, ganado de distintas procedencias. Bien presentados y con romana, dos cinqueños, todos aplaudidos de salida. Pero fue un fiasco ganadero. Al primero se le homenajeó su comportamiento con aplausos en el arrastre, lo contrario que a sus cinco hermanos de camada, que fueron pitados en el arrastre. El torero murciano, Antonio Puerta confirmó la alternativa con 35 años.

Terna:

Javier Cortés. De blanco y oro. En su primero metisaca, y media arriba que fue suficiente. Silencio. Dos pinchazos sin soltar y media estocada saliéndose descaradamente de la suerte. Silencio.

José Garrido: De verde y azabache. Media muy baja, intentaron levantar al toro para entrar a matar de nuevo, pero no lo consiguieron. Silencio. En el quinto bajonazo infame protestado. Silencio.

Antonio Puerta. (Confirmación). De blanco y oro. Pinchazo arriba y estocada algo trasera que valió. Aplausos de sus paisanos. Pinchazo sin soltar en la paletilla y estocada baja y descabello. Silencio.

Presidente: José A. Rodríguez San Román.

Cambió el tercio en el primero con dos entradas al caballo y debió haber entrado de nuevo. El animal quedó crudo para la muleta.

Suerte de varas:

Todo salió según lo previsto de los montados. Salvo en el quinto que Romualdo Almodóvar marcó arriba el castigo. Los demás picaron trasero, a Carlos Prieto de le fue la vara en el segundo y le arreó en la paletilla. Antonio Prieto, “el amigo de Palha”, y él sabe por qué, fue el único que se permitió taparle la salida al cuarto. Lo llevará en los genes. Lo que los aficionados no entendemos es como se sigue vistiendo el treje de luces este montado.

Cuadrillas.

Cumplieron en general, algunos en el tercio de banderillas no mostraron la profesionalidad que implica vestirse de luces. En el segundo cerraron mucho al toro y Pablo Gallego pasó apuros para salir de la cara del toro, tuvo que tomar el olivo, pero lo tomó con profesionalidad.

Crónica.

Posiblemente Antonio Puerta recordará esta tarde por muchos motivos. Confirmó la alternativa, se sintió arropado por espectadores que le solicitaron un trofeo en el toro de su alternativa, y lo más importante, le tocó en suerte Carpintero, un buen toro, el único del encierro que ofreció la posibilidad de triunfo. Pero… Comenzó sometiendo a su enemigo por bajo con muletazos que auguraban faena de altura, pero cuando comenzó a citarlo por el pitón derecho, lo hizo escondiendo la pierna contraria, haciendo un buen uso del toreo moderno, sin llegar a rematar los muletazos para dentro. El animal noble, con recorrido en sus embestidas y con transmisión a los tendidos, acudió también a la muleta en el toreo al natural, pero el de Cehegín no consiguió acoplarse. El sexto fue otra historia y muy distinta. Hasta el nombre no encajaba en un animal de esta belleza, Chistorrón. De entrada dio un recital de mansedumbre en la suerte de varas y cuando llegó al último tercio mostró poca entrega en la pelea y la muleta del torero menos, y con medios pases trató de salir de lo poco que pudo ofrecer a los tendidos.

Tanto Javier Cortés y José Garrido, vinieron dispuestos a ofrecer lo que el ganado les ofrecieran, pero solo pudieron mostrar su voluntad. A estos dos toreros hay que verlos de nuevo. El primero del lote de Cortés se llamó Venganza, Y si que se vengó el animal. En el caballo cumplió dejándose pegar, pero con la muleta en la mano el madrileño sometió por bajo al manso sacándolo a los medios. Lo pasó por el pitón derecho pero Venganza no se entregó y por el izquierdo se limitó a defenderse con muestras evidentes que solo buscaba que aquello terminara cuanto antes. Su segundo atendía por Mesonero. Fue un manso peligroso, mostrando en el caballo una evidente mansedumbre. Un desagradecido animal, criado a cuerpo de rey. No se podía pedir más, en la muleta se limitó a medir las embestidas colocando la voluntad del torero en un dilema, que resolvió quitándole las moscas y tomando el acero.

Pero quedaba el mejor momento de la tarde, breve, pero como dice Mila, “intenso”. Fueron cuatro, cinco, seis verónicas, no recuerdo, templando y moviendo los brazos, pasándose al toro por el fajín, como pocas figuras lo hacen y llevándolo embebido en el capote. Los “olés” resurgieron del sentimiento de los aficionados. Qué pena que los “isidros” y los “aficionados de feria”, se quedaran en sus casas. Así recibió José Garrido a Mestizo. En el caballo dio muestras de mansedumbre, hecho que refrendo cuando llegó a la muleta y vio que tenía que someterse por bajo en la pañosa del pacense. "Las cañas se volvieron lanzas”, y el animal fue bronco en sus embestidas y necesitó una muleta poderosa, de las pocas que hay hoy, por no decir ninguna. Garrido mostró voluntad pero no fue suficiente para doblegar a su enemigo. En quinto lugar apareció por chiqueros otro “Chistorrón”. El picador lo trató de manera correcta, marcando el castigo arriba, pero el burel no se empleó en el castigo y llegó a salir suelto de la pelea. El matador lo recibió de muleta con unos ayudados por alto muy toreros, pero Chistorrón no debió enterarse, y después de fijarlo en la boca de riego, dándole categoría de bravo, el animal se limitó a soltar la cara en los remates de los muletazos voluntariosos que le ofrecía Cortés como peligroso manso. Al natural le costó al madrileño acoplar su muleta a las dificultades que le ofreció Chistorrón. ¡Vaya nombrecito. Para el recuerdo!.

©Pepeíllo.

No hay comentarios: