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sábado, 8 de mayo de 2010

7 de mayo de 2010: Ganado de saldo

7 de mayo de 2010

Toros: 1º, 4º, 5º y 6º de José Luis Pereda. 2º y 3º de La Dehesilla. Ambos de procedencia Núñez
Terna:
  • Leandro: Estocada caída, cruzada y un descabello. Silencio. Pinchazo hondo, media estocada y 2 descabellos. Silencio.
  • Morenito de Aranda: Estocada desprendida perdiendo la muleta. Silencio. Estocada desprendida. Vuelta al ruedo con petición.
  • Iván Fandiño: Estocada caída y trasera. Sale trompicado sin consecuencias. Saludos desde el tercio. Media tendida, pinchazo y descabello. Silencio

Preside la corrida D. Julio Martínez Moreno


El ganado fue de saldo, y la empresa que rige el coso venteño sabrá por qué. Si ha comprado en las rebajas ganaderas este tipo de corrida, malo y si lo ha pagado a precio de oro y le han metido gato por liebre, peor. El caso es que estos empresarios vienen a forrarse y encima tienen el beneplácito de las autoridades competentes. Lo que no me cuadra dentro de este tinglado son los veedores. Las figuras los tienen en nómina y los toreros modestos, como los de ayer, tendrán que fiarse de lo que eligen otros, y si es saldo, pues…..ya se sabe. A quien le salió la tarde redonda fue a la empresa. Toreros de bajo coste y ganado aún más, así, negocio redondo.

Mientras se llene la plaza y las televisiones privadas paguen su alto canon por emitirlas, pues miel sobre hojuelas. Pero ¿quién defiende al aficionado de estas tropelías? ¿La autoridad, exigiéndole al empresario que deje de escaldar los bolsillos de los espectadores con este tipo de feria, larga y supuestamente tediosa como las demás, llenas de carteles que en cualquier época del año no llegarían a cubrir ni la cuarta parte del cemento de la plaza, manteniendo ferias de Aniversario incluidas? Pero qué cara tienen estos señores, y también quien se lo permite.

Ciñéndonos a lo que ocurrió en el ruedo, me atreveré a decir que hubo toreros que tuvieron más suerte en el juego que dieron los toros. Por ejemplo, Morenito de Aranda tuvo la cara y cruz en su lote. El primero, un manso que anduvo buscando la salida de la dehesa desde que apareció en el ruedo, no le dio oportunidades de lucirse. A la salida de cada muletazo el toro se le marchaba a tablas, y claro, el chaval no pudo o no sacó a relucir los recursos suficientes para encelarlo en la muleta y haberlo mantenido en los terrenos que el torero quería. En su segundo, sin embargo, encontró la cara de la moneda, pero no supo aprovechar la oportunidad que le brindó su enemigo. Se echó la muleta a la izquierda desde los primeros compases de la faena, pero no encontró el sitio adecuado para ligar, teniendo que rectificar terrenos en cada pase y claro, ante la falta de mando del torero, quien mandó fue el toro. En un momento de la faena, y al quedarse al descubierto, el toro se lo echó a los lomos y el torero en un acto de amor propio continuó la faena y acabó con su enemigo de una estocada hasta los gavilanes. El público quiso premiar su voluntad y pidió la oreja pero el Usía no la concedió al no haber petición mayoritaria. A continuación pasó a la enfermería.

Leandro, en su primero se encontró con un inválido de matadero, que seguramente sería la intención del ganadero, pero al encontrarse con los dineros del empresario, prefirió darle salida y nada menos que a Las Ventas. Con este material el torero el único recurso que encontró fue ponerse pinturero en algunos momentos de la faena, en lugar de pasaportarlo con una faena de aliño. Su segundo, de nombre Caranegra, tuvo la mala suerte de encontrarse con un picador sin escrúpulos toreros, de esos que creen que picar es hundir la vara allí donde caiga, y así lo hizo el…, me callaré lo que pienso. A partir de ese momento todo parecido con un toro de lidia fue puro espejismo. Durante la faena de muleta el toro no podía ni con su alma y el torero no se dio cuenta de lo que tenía y siguió intentando agradar al público sin conseguirlo.


El primero de Iván Fandiño, haciendo honor a su condición de manso, salía suelto del capote del maestro y al campar por el ruedo y no encontrar un torero que supiera pararlo se marchó al picador de reserva, y el peón que tapaba puerta, para no ser menos que sus compañeros, hizo el D. Tancredo y dejó al toro entrar al caballo. Después iría a exigir a su matador el sueldo de torero de plata. En la faena de muleta toro y torero tenía distinta partitura y el maestro no se acopló a las condiciones de su enemigo, al no darle la distancia adecuada y no adelantar la muleta para embarcar al toro y aunque al final consiguió sacar algún muletazo limpio, la vulgaridad se había apoderado de la faena.

Su segundo fue otro galán que le debió impresionar mucho la plaza cuando salió al redondel porque se quedó parado enterándose de todo. Fue lo único normal que hizo de lo que podía esperarse de él, ya que todo su comportamiento durante la lidia fue de manso como la mayoría de sus hermanos de camada. Aunque la primera vara le aplacó un poco su mansedumbre, en el tercio de banderillas las cuadrillas tuvieron que bailar al son que marcaba su enemigo, terminando junto a toriles. Jarocho estuvo muy digno en los dos pares que tuvo que colocarle, teniendo que pasar en falso varias veces, hasta conseguir clavar arriba. En la faena de muleta el torero se echó la pañosa a la izquierda y aunque aguantó en los inicios las embestidas descompuestas de su enemigo, al final volvió a la vulgaridad que le caracterizó en su primero, es decir, sin mando, sin ligar y ahogando las embestidas.

En fin, una corrida que el único que no debe olvidarla es el ganadero, ya que antiguamente por menos de esto se enviaba al matadero toda una ganadería. Claro, eran ganaderos que en el comportamiento de sus toros medían el grado de honradez que tenían como personas.

©Pepeíllo

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