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domingo, 7 de octubre de 2012

6 Octubre 2012: No hay solución


Feria de otoño 2012. Tercera de feria

Corrida de toros. Se lidiaron 5 toros de Valdefresno y uno de Fraile Mazas, lidiado en tercer lugar. Encaste Atanasio Fernández - Lisardo Sánchez.

Terna:
  • Sergio Aguilar: De grana y oro. Estocada perpendicular y descabello. División de opiniones cuando saluda. Pinchazo y bajonazo de juzgado de guardia. Silencio.
  • Iván Fandiño: De verde y oro. Estocada algo trasera tirándose por derecho y un descabello tras aviso. Oreja. Estocada hasta los gavilanes de bonita ejecución, aviso y dos descabellos. Vuelta al ruedo.
  • David Mora: Estocada baja. Silencio El toro aplaudido en el arrastre. Estocada casi entera, aviso. silencio

Presidente: D. Julio Martínez Moreno. Otorgó la oreja a Iván Fandiño en su primero sin haber petición mayoritaria. Cambió el tercio de varas en el tercer toro sin haber sido picado, hecho que le recriminó la afición. 

Suerte de varas: Toros sin codicia que no se emplearon en varas y aunque no hubo mansos que huyeran de los montados, ninguno destacó en la pelea metiendo los riñones. Es el juego que dan los atanasios, como no se emplean aunque salgan escasos de fuerzas no ruedan por la arena, pero no ofrecen la emoción que demanda la fiesta. Como todas las tardes los picadores vinieron con la lección aprendía: picar trasero como norma establecida, y para romperla hubo quien se permitió la osadía de picar en el brazuelo y no teniendo bastante con esa desfachatez, le tapó la salida al toro. Ocurrió en el segundo de la tarde y el interfecto que llevó a cabo tal tropelía responde al nombre de Rafael Agudo. Esperemos que Fandiño haya tomado buena nota de este hecho y tome las medidas oportunas para que individuos de este tipo no pongan en duda la honradez de los profesionales que le acompañan en su cuadrilla.

Cuadrillas y otros: Los toros vinieron con mucha cara y en atanasios, es decir con mucha caja. Destacaron el tercero, cuarto y quinto, con buenas perchas. De los toreros de plata destacaron en banderillas Víctor Cañas en el primero y Roberto Martín Jarocho y Llaverito en el segundo. Sin embargo en el segundo Llaverito no acertó con la puntilla y levantó al toro una vez que se había echado, obligando a su matador a jugársela con el descabello, exponiéndole a perder el trofeo que tenía casi en el esportón. En el primer toro de Sergio Aguilar, Fandiño realizó su quite por tafalleras, al cual respondió Sergio Aguilar por saltilleras. Bonitos quites de ambos. Gustó mucho este gesto al público, tan inusual hoy por la plazas, ya que los toreros basan sus actuaciones en la faena de muleta únicamente. Una pena que no prodiguen esta suerte con más frecuencia.

No hubo toreo del bueno en Las Ventas, los toreros, sin llegar a mostrar el repertorio ventajista que atesoran las figuras del escalafón como oro en paño y que sacan a relucir todas las tardes, tampoco hicieron vibrar a los espectadores que tuvieron la paciencia de aguantar la mansada que envió la familia Fraile Mazas desde Salamanca, sin gota de casta y que sembraron de aburrimiento los tendidos. Algunos ejemplares, al no castigarlos en varas, llegaron a la muleta con tranco, pero los toreros no entendieron el mensaje que sus enemigos llevaban en sus embestidas y alguno de ellos se limitó a dar pases interpretando así su concepto del toreo. A pesar de que el denominador común fue la falta de casta y la escasez de fuerzas, ningún toro rodó por la arena al no emplearse en la pelea.

Fandiño sorprendió en el quinto, cuando ya los aficionados se habían hecho la idea que el toro no tenía nada que ofrecer para que los sacara del sopor en que había entrado la tarde. Después de recibirlo con unos muletazos donde el toro más que embestir se defendía gazapeando y el torero toreaba aprovechando el viaje del toro, le dio distancia y comenzó de nuevo la faena citando de lejos y su enemigo acudiendo a todos los envites que le ofrecía con la muleta. Fandiño se inventó un toro sacándole lo que no tenía. La escasez de fuerzas de su enemigo limitó la actuación del torero, que no le echó la muleta abajo temiendo que rodara por la arena. Fue una faena emotiva que no fue premiada con un trofeo porque la estocada que le recetó tirándose por derecho no tuvo el efecto deseado por el torero. Fue una faena que por lo menos llevó la controversia a los tendidos. En su primero estuvo muy ceremonioso al comienzo de la faena, practicando un toreo que adoleció de profundidad al rematar los muletazos para fuera en lugar de para dentro, con el agravante de torear descomponiendo la figura. Dió una serie de redondos muy templados pero faltos de enjundia, y una serie de naturales de los cuales en uno de ellos consiguió darle la profundidad que exige el toreo bueno. Sin embargo tuvo el mérito de meter al toro en la muleta ya que era un manso que intentaba huir del engaño en cuanto el torero le diera la mínima oportunidad, pero Fandiño entendió bien la lección que su compañero Sergio Aguilar había olvidado en el toro anterior, al permitir que su enemigo, mostrando una mansedumbre impropia de un toro de lidia, se marchara a toriles, dando la impresión de que el que mandaba era el toro y no el torero.

Sergio Aguilar no estuvo a la altura de lo que se esperaba de él. A su primero lo dejó marcharse a toriles y allí intentó hacer el toreo que le permitía su enemigo. El toro iba por un lado intentado escapar y el torero intentando meterlo en la muleta en los terrenos que su enemigo quería. De esta forma consiguió sacarle algunos naturales al mulo, pero lo que no debió permitir, por muy manso que fuera el toro, que le quitara la autoridad que un torero debe tener con la muleta, y si no valía para la lidia, a despenarlo, pero nunca permitir que el que toree sea tu enemigo. En su segundo y ante un toro que le pegaron en varas con saña, no llegó a encontrar la medida para acoplarse a su enemigo soso y sin gota de casta, y con ello su actuación no llegó a los tendidos, que buena falta le hacia ya que el sopor se iba apoderando de los espectadores.

A David Mora se le fue su primer toro al desolladero con las orejas puestas. De entrada se le vio con disposición con el capote, llegó a estirarse al recibirlo con el percal y al ponerlo en suerte en el caballo lo hizo con unos bonitos recortes que llegaron a los tendidos, pero con la muleta en cuanto se sacó al toro a los medios, el toro se quedó sin torero y el torero sin público que comprendiera el toreo vulgar que trató de imprimir a su faena. No está fino David Mora esta temporada y como dicen los toreros antiguos, la disposición en el ruedo la dicta el corazón y si este no está muy dispuesto a que el torero se coloque en su sitio para torear, poco puede hacer la persona que se viste de luces. A su segundo lo recibió con unos doblones con profundidad, flexionando las piernas y jugando los brazos con gracia, pero cuando llegó la hora de colocarse en su sitio, ofreciendo a su enemigo la muleta adelantada y sin meter el pico, volvió a lucir el toreo de carril ante un toro que demostró mas mansedumbre y que su propósito no era entregarse en la pelea a no ser que un torero lo metiera en la muleta toreando, pero eso, no ocurrió. Otra vez será, torero.

©Pepeíllo.

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