Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Corrida de toros.
5ª DE FERIA.
“Tarde de matices y de rotundo fracaso. Ni toros, ni toreros.”
Con ganado del Partido de Resina se celebró la 5ª corrida de la Feria de San Isidro. Se lidiaron cuatro cuatreños y dos cinqueños, el cuarto y el quinto. Los 18.848 espectadores que asistieron al coso venteño, o no, vieron como se consumían toro a toro y lidia a lidia todas las expectativas que cada uno llevaba en sus ilusiones por ver una ganadería legendaria, pero seguro que nadie esperaba el juego descastado y algunos ejemplares de bueyes de carreta, que mostraron los antiguos Pabloromero, donde antaño fue una fuente de casta y bravura. Mucho trabajo tiene el ganadero.
Terna:
Antonio Ferrera. De grana y oro. En su primero estocada algo trasera que vale. Silencio. En el cuarto bajonazo tras aviso. El animal se tragó la muerte. Aplausos por su cuenta.
Calita: De malva y oro. En su primero tres pinchazos y estocada baja que vale. Silencio. En el quinto estocada tendida y delantera. El toro tuvo una muerte brava, que contrastó con su comportamiento. Silencio.
J. E. Colombo. De malva y oro. En el tercero pinchazo delantero y bajo y dos descabellos tras aviso. Silencio. En el sexto estocada habilidosa atravesada y caída. Bronca.
Presidente: D. José Antonio Rodríguez San Román.
En el sexto se le criticó el haber cambiado el tercio de banderillas cuando el animal solo tenía dos garapullos en el morrillo. Tanto el matador como los peones no fueron capaces de colocar cuatro palos en su sitio. El tercio duró más de diez minutos donde los aficionados tuvieron que soportar un espectáculo deprimente. Si no lo hubiera cambiado aún estaríamos observando la poca profesionalidad de los que creen honrarse vistiéndose de luces.
J. E. Colombo. De malva y oro. En el tercero pinchazo delantero y bajo y dos descabellos tras aviso. Silencio. En el sexto estocada habilidosa atravesada y caída. Bronca.
Presidente: D. José Antonio Rodríguez San Román.
En el sexto se le criticó el haber cambiado el tercio de banderillas cuando el animal solo tenía dos garapullos en el morrillo. Tanto el matador como los peones no fueron capaces de colocar cuatro palos en su sitio. El tercio duró más de diez minutos donde los aficionados tuvieron que soportar un espectáculo deprimente. Si no lo hubiera cambiado aún estaríamos observando la poca profesionalidad de los que creen honrarse vistiéndose de luces.
La bravura y la casta brilló por su ausencia en el primer tercio y los picadores se limitaron a cubrir el expediente. No necesitaron más. Se están viendo cambios en el comportamiento de estos profesionales, pero aún hay algunos que les va a costar mentalizarse, como es el caso de Israel de Pedro. Varios de ellos marcaron el castigo arriba. Los animales el que no salió huyendo de la pelea, se defendió. Unos picaron trasero y alguno se permitió torear a caballo, algo que no se veía en Madrid desde hace tiempo. Algo es algo.
CUADRILLAS.
Después del sainete que montó Colombo en el sexto, todo lo anterior nos pareció normal. En el primero Ferrera rizo el rizo en el tercio de banderillas, dio un par a cada uno de su cuadrilla y el hizo de lidiador. Me pareció bien el detalle, antes que tome las banderillas el matador cualquier otra opción en mejor. Colombo pareó al tercero y después de consumir un fracaso, tuvo que pedir perdón a los presentes. En el sexto el torero venezolano estuvo francamente mal.
Crónica:
La tarde reunió muchos matices en la terna, algunos en la línea del desconocimiento de su profesión, y otros, aunque en el ocaso de su carrera, mostraron una cierta prepotencia en sus labores. Después de una tarde desastrosa con un ganado que fracasó estrepitosamente, donde cada toro superaba al anterior en la falta de condiciones que debe reunir un toro de lidia, en el sexto Colombo quiso superarse a si mismo del fracaso con los palitroques en el tercero. No se enteró que el animal no reunía condiciones para el lucimiento y lo normal es que hubiera dejado parear a su cuadrilla. Tomo as banderillas y el toro superó a los toros de Guisando con su mansedumbre, y después de varias pasadas en falso, cedió los palos a los subalternos de su cuadrilla, para que arreglasen el problema en que se había metido el “maestro venezolano”. ¡Qué poco conocimiento y profesionalidad mostró el torero! La cuadrilla después de diez minutos de fracaso y de pasar por enésima vez en falso, consiguió dejar dos palos y el presidente con un poco de cordura, cambió el tercio. ¡Qué bronca se llevó el usía!. Después en un ataque, supongo de ironía, el coleta montó la muleta e intentó calmar los ánimos de los tendidos frente a un animal más propio de buey de carreta y los presentes le pusieron en su sitio. Tomó el estoque de verdad, ya que eso fue lo único que existió de "verdad" en la tarde, ya todo lo demás fue un sainete pero de mal gusto, y despenó a Garrofo. Y ya que hablamos de Colombo, diré que en su primero cuando tomó la muleta aburrió a los presentes y hasta a Escribano que fue el descastado y manso animal que le tocó en suerte.
Ferrera es un torero de sorprendentes matices, siempre trata de lucirse pero pocas veces toreando de verdad, tuvo un detalle en el cuarto que pensé que estaba tomando el pelo, y posiblemente no se equivocara, a los le pedían que abreviara en la aburrida faena que estaba sacando de su muleta. Al final se colocó de rodillas frente a su enemigo para que los aficionados comprendieran el valor de su labor. Incomprensible, por eso anoté que es un torero de matices, que es para lo que se viste de luces, no para torear o lidiar cuando la ocasión lo requiera. En su primero intentó pararlo de salida en el anillo pero tampoco lo consiguió. Con la muleta y ante otro manso de carreta, que no descolgó durante toda la faena el torero ibicenco después de intentar por la derecha y por la izquierda, algo que nadie entendió, los tendidos le solicitaron que terminara al martirio a que los estaba sometiendo. Me gustaría equivocarme pero este torero ha dado a la fiesta todo lo que puede dar.
Que decimos de Calita. En su primero fue habilidoso y brindó su labor al público ya que serían los únicos aplausos que recogería en su faena. Su enemigo medía las embestidas y sin transmisión y el torero en lugar de intentar templar las acometidas, se dedicó a dar latigazos ante el manso y descastado animal. En el quinto dio un recital de enganchones cuando lo intentó en el toreo al natural. Debió emocionarse dando trapazos que seguía y seguía como si estuviera inventando el fracaso, claro, de su toreo y del manso que tenía frente a él.
Paciencia aficionados, otra vez será.
©Pepeíllo.
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