sábado, 20 de junio de 2026

Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Corrida de toros nocturna.

“Cristian Pérez puso la emoción y Alejandro Peñaranda el toreo.”

La corrida anunciada de Valdefresno, fue remendada con dos toros de Couto de Fornilhos, 1º y 6º. De variada presentación, el primero y tercero fueron protestados por falta de trapío, y de juego. El coso registró una floja entrada.

Al finalizar el paseíllo se le dedicó una ovación a Cristian Pérez por la cogida que sufrió el pasado 29 de marzo ante un burel de Dolores Aguirre.

Terna:

Juan Pablo Sánchez. De verde y oro. En el primero media que vale. Silencio. En el cuarto pinchazo hondo y descabello. Silencio.

Christian Pérez: De azul y oro. En su primero estocada algo tendida. Oreja. En el quinto dos pinchazos y estocada desprendida. Vuelta al ruedo.

Alejandro Peñaranda. De tabaco y oro. En el tercero estocada casi entera y desprendida. Silencio. En el sexto pinchazo y estocada trasera y cinco descabello tras aviso. Silencio.

Presidente: Juan Carlos González Carvajal.

Cambió el tercio de varas en el cuarto cuando el toro no estaba picado. Por lo demás sin problemas en sus funciones.

Suerte de varas:

En el quinto se lució Santiago Pérez en las dos entradas que hizo el astado al caballo. La primera vara fue emocionante.

Cuadrillas.

En el sexto el toro recibió muchos capotazos al no ser fijado por ningún miembro de la cuadrilla. Por lo demás cumplieron en su cometido.

Crónica.

Cristian Pérez vino con voluntad de novillero y con ganas de hacerse un hueco en el escalafón y a punto estuvo de conseguir la soñada Puerta Grande con voluntad y ganas, y Alejandro Peñaranda puso en el sexto el poco toreo que brilló sobre el albero venteño. Tienen mérito estos toreros, lo poco que torean y cuando lo hacen, como esta noche, con un ganado complicado. Juan Pablo Sánchez pasó sin pena ni gloria por la noche venteña-

Cristian Pérez dejó ver a sus dos toros en el caballo, dándole valor a esta suerte y al primero lo fijó de salida en los medios y en el quite por saltilleras fue arrollado por su enemigo, no se amilanó el torero de Hellín volviendo a la cara de su enemigo, con ganas y voluntad, para recetarle otras dos saltilleras ajustadas. Con la muleta recibió a su enemigo con muletazos variados exponiendo, incluyendo el pase de las flores. A mí entender no estuvo afortunado. Debió haberlo sometido por bajo ya que el animal llegó rebrincado a la pañosa. No ajustó su muleta a las condiciones del toro bajándole la mano. El animal metía la cara pero el torero no supo qué hacer con ella. Consiguió arrancar un trofeo a la presidencia por el conjunto de su labor y su disposición. En el quinto anduvo en la misma línea, dejó ver al toro en el caballo, detalle que hoy pasa inadvertido, En el último tercio y al comienzo de faena sufrió un revolcón y tuvieron que retirarlo inconsciente a la enfermería, para aparecer después y lidiar a su enemigo. Su enemigo lo único que le dejó mostrar fue la voluntad de su muleta, ya que en cada pase mostraba su intención de buscar el amparo de las tablas.

El primero de Alejandro Peñaranda fue un animal feo de hechuras, que mostró sus credenciales de manso en el caballo y doliéndose en banderillas. El toro le marcó al torero sus querencias en toriles y el matador, con buen criterio, decidió liquidarlo en los terrenos de los mansos. En el sexto mostró el torero de Albacete las únicas verónicas que se vieron en la noche cerrada. El animal llegó a la muleta avisado por ambos pitones debido a la cantidad de capotazos que recibió, no obstante el torero llevó a cabo una faena de altibajos consiguiendo que los aficionados se marcharan a la cama con algún muletazo largo y templado en la retina.

Juan Pablo Sánchez abrió plaza con Hospede, de Couto de Fornilhos, un novillote que jugó a ser toro. El animal fue mal picado y con la muleta lo fijó en los medios sometiéndolo por bajo. Al recibirlo por el derecho trató de alargar el recorrido pero sin bajarle la mano. El toro al no recibir el mando de la muleta, fue mostrando que sabía lo que dejaba atrás. Al natural le costaba humillar y el torero mejicano le costó adaptarse a las condiciones que exigía su enemigo. El segundo de su lote recibió una mala lidia y no lo castigaron en el caballo, en el último tercio el torero consiguió fijarlo pero cuando intentó torear, el burel le punteaba el trapo rojo faltándole a su labor el ajuste para llevar al animal empapado en la muleta. Por el izquierdo Cigarro metía la cara pero el torero no encontró el temple necesario que hace brillar el toreo de la vulgaridad.

©Pepeíllo.

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