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jueves, 31 de mayo de 2007

San Isidro 2007 20ª: Querer y poder

29-5-2007

Toros de Dolores Aguirre. Encaste: Atanasio Fernández.

  • José Pacheco, “El Califa”: Pinchazo en el tendido 2, estocada en el 8, después de haber dado la vuelta al ruedo. Silencio. Tres pinchazos y se echa el toro. Aviso. Silencio.
  • Rafael Rubio, “Rafaelillo”: Dos pinchazos y estocada trasera. Aviso. Saludos desde el tercio. Pinchazo hondo arriba y estocada casi entera. Vuelta con petición de otra. Aviso.
  • Ángel Gómez Escorial: Pinchazo sin soltar saliéndose de la suerte. Estocada caída. Aviso, silencio. Pinchazo, aviso, estocada arriba. Aplausos para el torero y al novillo en el arrastre. Estocada. Oreja.

Preside la novillada D. Manuel Muñoz Infante.

Muy mansa salió la corrida de Dolores Aguirre. Todos los toros buscaban el camino de la dehesa en cuanto salían al ruedo, huyendo de los capotes poniendo a las cuadrillas en evidencia ya que no sabían que hacer con ellos. Los animales iban sin fijar de un piquero a otro, sin que ningún torero fuera capaz de pararlos. Cuando entraban al caballo alguno que otro se permitió el lujo de apretar, pero en contadas ocasiones, para que nadie se llamara a engaño. Supongo que la ganadera no habrá criado estos animales a cuerpo de rey durante cuatro años en la dehesa buscando este comportamiento ya que lo único que les falta a los toros de lidia es tener un harén para completar su felicidad, para que luego salgan a la plaza a mostrar lo que sus genes les han marcado.

Los que también se quedarían sorprendidos del comportamiento de los toros fueron las cuadrillas, ya que como están acostumbradas siempre al mismo guión, es decir, al toro que no da problemas, cuando salen estos animales con esa mansedumbre dentro de su piel no saben qué hacer. Ayer, durante la lidia del primero, los banderilleros se las vieron y se las desearon para colocar los rehiletes, ya que el toro se acunó en tablas y de allí no se movía sino era para barbear por toda la plaza. Algún osado aficionado les recordó que en sus tiempos de joven vio parear algún toro al sesgo, pero estoy completamente seguro de que si había alguien que conociera la ejecución de esta suerte no se acordaba.

Con los matadores pasó lo mismo pero con la diferencia de que hubo uno que quiso y sabía lo que había que hacer con este tipo de toros, que no era ni más ni menos que jugársela. Así lo hizo. Se llamaba Rafaelillo y en cuanto tomó la muleta le dio unos pases de castigo que acabaron fijando al toro. Qué cambió dio el burel, no parecía el mismo, con la derecha ligó unas series muy mandonas y hasta lo intentó al natural, hecho que no se merecía el toro, pero por ese pitón no tragaba y rebañaba buscando lo que dejaba atrás haciendo honor a su nombre de fiera.

Su segundo, un toro que se fue al picador cuando aún no estaba colocado, salía suelto a recorrer el ruedo buscando la salida con ahínco, pasando por todos los capotes que había en el albero sin el menor pudor. Con la muleta, el torero se lo llevó a los medios y le recetó dos pases por bajo indicándole al toro quién era el que mandaba allí. A continuación comenzó a torear adelantando la muleta y ligando algunas series de redondos donde consiguió algunos muletazos eternos, haciendo barrer al toro el albero con el hocico. Durante una serie perdió la muleta, pero era lo mínimo que le podía pasar toreando ante un burel de esa catadura. Una reflexión. ¡Eso sí es inventarse un toro! No lo que hacen algunas figuras con el toro cadavérico.

Tanto El Califa como Gómez Escorial lo único que pudieron hacer fue salir por su propio pie de la plaza, que ya fue bastante. En sus faenas respectivas lo intentaron pero no pudieron.

Un detalle llamó la atención ayer en la plaza. Una vez terminada la faena del quinto de la tarde hubo petición minoritaria de oreja para Rafaelillo, un torero modesto que se la jugó, y que posiblemente necesitaba este trofeo para seguir luchando con el propósito de ser alguien en este mundo del toro. Pero el presidente, con buen criterio, no concedió, pero los tendidos de sol, estos que habitualmente se llenan de pañuelos pidiendo los trofeos de las figuras en faenas ventajistas, no lo hicieron ayer, demostrando con ello la grandeza de este espectáculo totalmente democrático, pero que por este motivo a veces salen a relucir también sus miserias.

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