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miércoles, 12 de mayo de 2010

11 de mayo de 2010: Que no vuelva esta ganadería

Toros de: 5 de La Martelilla encaste Marqués de Domecq. 1 de Navalrosal, encaste Núñez. 3 bis, sobrero de Navalrosal.
Terna:
  • Miguel Abellán: Estocada que hace guardia y 1 descabello. Silencio. Estocada y 3 descabellos. Silencio.
  • César Jiménez: Estocada de bonita ejecución. Silencio. Pinchazo, media tendida, caída y atravesada. Silencio.
  • Arturo Macías: Estocada perdiendo la muleta. Silencio. Estocada desprendida perdiendo la muleta. Silencio.

Preside la corrida D. Julio Martínez Moreno.

Después de una tarde soporífera y huérfana de todo, hasta de toros, un aficionado se levantó de su asiento durante la lidia del sexto toro, infringiendo la normativa vigente, y gritó a pulmón abierto: ¡Que no vuelva más a Madrid esta ganadería! Otros hubieran adornado la frase con: ni a esta plaza, ni a ninguna otra. Pero me temo que a los aficionados para lo único que se nos quiere es para pagar en taquilla.

La fiesta de los toros está moldeada a capricho y semejanza de unos señores caprichosos que dictan las normas de funcionamiento y son capaces hasta de comprar a todo aquel que se deje vender, con el único propósito de cumplir sus objetivos, y estos no son, ni más ni menos, que hacerse ricos con el mínimo esfuerzo, con el consentimiento de todos aquellos que su misión es velar con que se cumplan las normas que rigen este tipo de espectáculos.

Pero, ¿tan difícil es que el toro que sale por toriles tenga la agresividad de su raza? ¿Tan difícil es encontrar los toreros que reúnan las condiciones necesarias enfrentándose a todo tipo de enemigos, sin que tengan que ser manipulados, ni sometidos a tratamientos químicos? ¿Tan difícil es encontrar a unos presidentes honestos que cuando los toros no reúnan las condiciones para la lidia sean devueltos a los corrales? ¿Tan difícil es encontrar políticos que hagan que los empresarios y taurinos cumplan las normativas vigentes?

La vergüenza nuestra es que precisamente los españoles nos tengamos que mirar en el espejo de otros países que llevan a rajatabla la seriedad en este tipo de espectáculos, y cuando el ganado no cumple las expectativas para lo que han sido comprados, los vetan durante unos años. De esta manera, los ganaderos cuidan mucho lo que envían a esas plaza, eso sí, supongo que estos empresarios pagarán de acuerdo a la calidad del ganado. En esta España nuestra es al contrario, si una ganadería da espectáculo, al año siguiente no vuelve, porque suponemos que el ganadero habrá subido el precio de la corrida, y mientras haya saldos en las dehesas para qué se va pagar más por unos animales que nadie va a criticar y la plaza va a estar llena.

La de ayer fue otra corrida que la empresa confeccionó para hacer caja. Si no, que expliquen a los aficionados qué pintaba Miguel Abellán. Otros toreros, con menos cartel en la farándula, hubieran sido más del agrado de Madrid. César Jiménez y Arturo Macías son dos toreros de distintas características y condiciones. Mientras el mexicano va buscando el triunfo pisando terrenos donde los toros cogen y desde donde se sale encumbrado hacia el éxito, el madrileño está en un estado apático y de pocos recursos. Cierto que el ganado no permitió florituras, pero por muy malo que sea este, el torero siempre tiene que estar por encima de su enemigo y demostrar que todos los toros tienen faena, aunque sea de aliño, porque si no está la ejecución de la suerte suprema.

César Jiménez trató de enmendar una faena insulsa a un toro que era una ruina con un estoconazo de cartel.

Arturo Macías se lució en su primero con unos pases cambiados de recibo, pero el toro de mansa condición, se lo dejó ir a tablas y con ello toda posibilidad de faena. En estos terrenos intentó el arrimón, pero solo consiguió que el toro lo arrollara, sin consecuencias para el torero. Su segundo fue un cadáver que no estuvo dispuesto a colaborar con el torero, y para ello se limitó a cumplir el expediente, ya que se sintió ofendido que el Usía no lo mandara a los corrales cuando los aficionados solicitaron su devolución.

Como siempre, los presidentes mirando por la fiesta y, por supuesto, por los aficionados con el propósito de que no demorasen mucho su vuelta a casa.

©Pepeíllo

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