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sábado, 2 de junio de 2012

1 de Junio 2012: Ocasiones perdidas


Corrida de toros. En la 23ª de feria se han lidiado toros de Hros. De D. Celestino Cuadri. Tres cuartos de entrada.
Terna
  • Rafael Rubio, Rafaelillo: De grosella y oro. 2 pinchazos, estocada perpendicular y baja, aviso y descabello. Tímidos pitos. 4 pinchazos y descabello. Bronca. Estocada baja. Silencio.
  • Javier Castaño: De turquesa y oro. 3 pinchazos, estocada atravesada y trasera y descabello. Silencio.
  • Luis Bolívar: De verde y oro. Pinchazo en los bajos y estocada desprendida. Tímidos pitos. Media caída que termina dramáticamente con el toro. Bronca.
Presidente:
D. Trinidad López Pastor. La tarde transcurrió con normalidad y el Presidente no tuvo que tomar ninguna decisión que tuviera que ser criticada por el público.


Suerte de varas:
No destacó ningún toro en este tercio, tampoco los toreros, excepto Javier Castaño en su primero, mostraron interés dejándolos ver en el caballo. Excepto el cuarto que empujo con fijeza, en líneas generales el juego fue variado: se dejaron pegar y algunos mansearon intentando quitarse el hierro, como el segundo. Otros blandearon, como el tercero y sexto.

Cuadrillas y otros:
Javier Castaño sufrió una voltereta en su primero en un descuido del torero, segundo de la tarde, que no le impidió matar a su enemigo pero tuvo que retirarse a la enfermería al caer el tercero, para no volver al ruedo. Esto modificó el orden de la lidia. Rafaelillo mató el quinto, de Javier Castaño, en sexto lugar y Luis Bolívar mató el sexto en quinto lugar. El tercero y el quinto fueron aplaudidos en el arrastre. Destacó en banderillas David Adalid y el picador Ismael Alcón en el tercero, donde llamó la atención del toro de una manera peculiar, picando arriba en la segunda entrada al caballo aunque algo baja.


Decía un aficionado vecino a mi localidad: los cuartos se los llevan las figuras, y los toros duros, los modestos. Pero así ha sido siempre desde que alguien inventó las ventajas en el mundo del toro, lo que ocurre es que nadie imaginaba que degeneraría en lo que ha degenerado. Y hay quien apuesta que aún no hemos tocado fondo, ya que la ambición de las personas, en especial los que mueven los hilos de este negocio, son insaciables, y si para ello ha sido necesario corromperse, pues se han corrompido, y tan frescos, eso sí, con el permiso de la autoridad competente. Los toreros de ayer no estuvieron bien, y me cuesta tener que hablar así de estos gladiadores que se tienen que jugar la vida con este tipo de corridas, de las denominadas duras, que no permiten un atisbo de relajación, como le pasó a Javier Castaño, que volvió la cara un segundo para indicarle a un miembro de su cuadrilla donde tenía que colocarse, y el toro hizo por él y lo arrolló. El revolcón le afectó al cuello, y aunque mató a su enemigo, en un acto de responsabilidad. Nada más caer el tercer toro, se marchó a la enfermería y según las noticias que se vertieron en la plaza, lo ingresaron en un hospital. Esperemos que este hecho sea como medida de seguridad y que el torero se recupere lo antes posible, la fiesta lo necesita, porque aunque crean que ya no hay toreros que defiendan la suerte de varas, este, sí, y hoy, más que nunca, son necesarios toreros con esta mentalidad, dispuestos a hablar en el ruedo con toros y disponer de la valentía de intentar hacer las cosas bien.

Los intereses de los toreros se deben defender en el ruedo y toreando toros, no desde un colectivo de figuras, que solo saben llenar los ruedos de vulgaridad cuando torean y muchos de ellos aún no saben lo que es un toro encastado, eso sí, a la hora de exigir, exigen hasta derechos de imagen, sin caer en la cuenta la imagen que están dando de la fiesta. Ellos son los que tenían que cambiar su deteriorada imagen que el aficionado tiene de ellos, toreando corridas de este tipo, porque son precisamente quienes han llevado a la fiesta al lugar donde se encuentra, y no obligar a estos ganaderos a que tengan que vender sus corridas al país vecino, para que los aficionados de ese país disfruten de ellas, ya que algunos toreros de ese grupo privilegiado no saben ni que existen.

Ayer salieron auténticos torazos y su comportamiento fue variado, lo que ocurre es que algunos de ellos llegaron a la muleta con ganas de pelea y claro los toreros de hoy, son modestos, pero no tontos y es mejor torear al hilo del pitón, metiendo el pico y perderle pasos a unos bureles que parecían trenes, que jugársela quedándose quieto, intentando mandar en la pelea. Ellos dirán, si las figuras lo hacen, y con ello cortan orejas y torean al día siguiente, porque ellos no pueden hacer lo mismo, supongo que se preguntarían tanto Rafaelillo como Bolívar, pero unos han nacido con estrellas y otros estrellados.

Rafaelillo distan mucho de ser aquel torero que le bajaba la muleta al toro que el pedía el carnet de profesional, y se lo enseñaba, llegando con su valentía torera al aficionado. Hoy ya no es lo mismo, estuvo desconfiado en sus dos enemigos y claro, lo mismo que el toro bobo, si, ese de las figuras, le da igual como lo hagas y como te coloques, a estos, no. Si les pierdes pasos se hacen dueños de la situación y ya no hay nada que hacer. Es la diferencia. Su primero le costaba humillar, pero el murciano no intentó someterlo. Su segundo sacó peligro y se revolvía en un palmo de terreno, pero él, al igual que en su primero estuvo desconfiado. En el toro que mató por cogida de su compañero Javier Castaño, se le vio sin sitio, perdiéndole pasos y tratando de justificarse con un toreo vulgar y ventajista.

Luis Bolívar se llevó el mejor lote de la tarde, pero al torero colombiano no le deben gustar los triunfos. Su primero llegó a la muleta casi con la misma acometividad que salió de toriles intentando comerse el capote, pero el torero entendió que el comportamiento del toro necesitaba el toreo ventajista, metiendo el pico y perdiéndole pasos, y lo más importante, salir airoso y con gallardía de la cara del toro en cada serie. Pero el aficionado no cayó en la trampa y se dedicó a decirle que el toro se iba sin torear, y esto descolocó al torero. Se dejó ir un toro con nobleza y casta de nombre Camarote. Su segundo fue un torazo que lo aplaudieron cuando apareció en el ruedo. Un animal que se vino arriba en banderillas para desgracia del torero, ya que este hecho le obligaba a demostrar que tenía que estar por encima de su enemigo, pero toreando, no tratando de engañar a la parroquia dando pases. Abusó del pitón derecho con un toreo insulso y lleno de vulgaridad. Cuando se echó la muleta a la izquierda, el toro seguía acudiendo al engaño con clase, pero el torero no quiso jugársela toreando, una de dos, o tiene la temporada firmada, o es que su corazón no da la medida que debe tener un torero. Sea de una manera o de otra, se dejó ir otro gran toro, que nació para un triunfo clamoroso y que tuvo la mala fortuna de encontrarse en su camino con Luis Bolívar. Una pena, torero.

©Pepeíllo.

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