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lunes, 17 de septiembre de 2012

16 de Septiembre 2012: Decepción y tristeza

Corrida de Novillos Se lidiaron novillos de Concha y Sierra, encaste Vázquez, en la línea de Taviel de Andrade.

Terna:
  • Iván Abasolo: Catafalco y oro. Pinchazo, estocada casi entera, aviso. Se echa el toro. Silencio. 2 pinchazos, uno sin soltar y en los bajos y estocada contraria y atravesada. Todos los intentos fueron entrando en la suerte contraria. Silencio.
  •  Ángel Puerta: Champan y oro. Pinchazo sin soltar en la suerte contraria y estocada en la suerte natural. División de opiniones cuando saluda desde el tercio. Estocada baja. Lo levanta el puntillero y se echa de nuevo. Silencio.
  • Jesús Chover: Azul y oro. Estocada desprendida entrando por derecho. Vuelta al ruedo. 3 pinchazos sin soltar y un pinchazo hondo. 13 descabellos, tres avisos y como consecuencia, el novillo al corral.


Presidente: D. Cesar Gómez Rodríguez. Reconozco que hay momentos en los hay que tomar decisiones muy comprometidas, y que algunas de ellas puedan estar en el umbral de la discusión. Ayer en el último de la tarde ocurrió lo que nadie deseaba. Primero que Jesús Chover no encontraría el golpe de gracia con el verduguillo, consumiendo con ello el tiempo establecido para la lidia y muerte de su enemigo y que casi al instante de recibir el tercer aviso el novillero fuera arrollado por el burel al intentar el ultimo descabello, quedando en estado de inconsciencia por el cual tuvieron que llevárselo a la enfermería auxiliares vestidos de paisano. Todo fue lamentable, y ante una situación de este tipo el presidente podía haber esperado unos segundos y con el novillo en la plaza y el matador tumbado en la arena, el director de lidia se hubiera responsabilizado de despenar al animal, con la diferencia de que este disponía del tiempo que establece el Reglamento para dicha labor. 
Como dije, no fue una decisión fácil, pero siempre los modestos son los que sufren los rigores de la ley que aplican los señores que la representan. Sres. Presidentes, ya que son incapaces de devolver al corral animales no validos para la lidia, porque al parecer merman los negocios de los empresarios, sean más benévolos con estos chavales, y ante situaciones de este tipo, ya que estamos completamente seguros, que a las figuras le hubieran aplicado otra vara de medir.  

Suerte de varas: No tuvieron suerte los aficionados para ver los astados en el caballo. Ningún espada tuvo el acierto de poner los novillos en suerte ante el picador. Debe ser difícil esta tarea, o no se la enseñan en la escuela de tauromaquia. Ningún novillo demostró nada excepcional con los piqueros. Es cierto que al segundo de la tarde y en su segunda entrada al caballo, lo colocó el matador a 25 metros después de demostrar el novillo su mansedumbre en el primer puyazo, nadie creía que se fuera a arrancar a esa distancia. Sin embargo el tercero de la tarde acudió de largo y con tranco, pero el novillero se quedó mal colocado y ese detalle fue determinante para que el animal desparramara la vista y no se centrara, ni con el caballo ni con el torero. Espero que alguien del entorno del torero le haga ver el vídeo de la corrida y aprenda de una vez por todas, él y casi todo el escalafón, la importancia que tiene la colocación de los toreros en esta suerte, y por supuesto, durante toda la lidia. También es cierto que ningún novillo fue castigado en el caballo, y excepto el primero que romaneo, ninguno empujo con clase metiendo los riñones. Y desgraciadamente también fue cierto que la novillada que envió el ganadero llego con las fuerzas justas. Tanto tiempo esperando este encaste, para no ver nada especial en el caballo. Una pena, ganadero.  

Cuadrillas y otros: Tampoco se libraron de las críticas los compañeros de cartel de Jesús Chover. Mientras el chaval tiraba de verduguillo tratando de despenar a su enemigo, sus compañeros de cartel en el callejón, tenían ya preparados los capotes de paseo para abandonar la plaza sin demora. Nadie se interesó por lo que ocurría en el ruedo salvo la cuadrilla del matador, ni tan siguiera el director de lidia, Iván Abasolo, pensó que en algún momento su compañero podía necesitar su colaboración. Eso sí, cuando les tocaba lidiar, ninguno de ellos se esmeró en su labor. En la colocación de los garapullos en el segundo de la tarde, la cuadrilla de Ángel Puerta montó un sainete. Nadie les pidió explicaciones. Es lo que tiene esta profesión, que cobras, aunque lo hagas mal. Una pena, toreros. 

Los novillos que se lidiaron procedían de un encaste denominado por la empresa, minoritario, pero los novilleros procedían de una lista mayoritaria, donde proliferan los coletas con escaso bagaje muleteril, ya que los que ocupan los primeros lugares del escalafón, que son los futuros figuras, no quieren ni aparecer por las dehesas donde pastan estos animales. ¿Para qué? se preguntaran, si las figuras mayores huyen de estos encastes y nadie pone en duda su credibilidad como toreros. No van a ser ellos los que rompan las normas establecidas. Con esto ocurrió, que salvo Jesús Chover que quiso demostrar que quiere ser torero, sus dos compañeros de cartel, lo único que demostraron fue un desconocimiento total de la lidia, y eso que ninguno de los bureles les pidió el carnet de torero. Ninguno de ellos logro enterarse de las querencias de sus enemigos, y donde más evidenciaron la falta de oficio fue a la hora matar. En lugar de hacerlo en la suerte natural, que era lo que demandaban sus enemigos, lo hacían en la suerte contraria. Ya que tanto se prodigan hoy los peones en informar a sus matadores desde el burladero lo que tienen que hacer cuando están toreando, alguien podía haberles documentado en estos detalles. 

Con la muleta los tres espadas corrieron distinta suerte, y mostraron distinta condición. Mientras que Iván Abasolo, se encontró con un primer novillo que se defendía debido a la escasez de fuerzas, su segundo necesito una muleta poderosa que el espada no le mostró, estando por debajo del astado. Comenzó la faena citando desde los medios, pero desde el primer momento se pudo comprobar que el torero no tenía esa tarde los recursos necesarios para sacarle lo que el burel le estaba ofreciendo, un pitón izquierdo de lujo. En todos los muletazos quedaba descolocado y los pases de pecho los utilizaba para quitarse a su enemigo de en medio. en lugar de barrer con la muleta el lomo de su enemigo de pitón a rabo. Por su parte, Ángel Puerta le costó darse cuenta que el pitón bueno del toro era el izquierdo, aunque seguramente alguien se lo debió apuntar desde el burladero, ya que por el derecho el novillo le protestaba, pero aun así, no consiguió acoplarse en el toreo al natural. El quinto de la tarde, fue un manso de matadero que demostró sus intenciones desde que apareció en el ruedo, recorriéndolo con el solo intento de buscar la salida del redondel. Ya con la franela y en el primer envite le puso las defensas en la cara y el torero no encontró la tecla de la muleta que le hiciera ver a su enemigo que el que trataba de mandar en la pelea era el torero. El animal siguió acudiendo al engaño con la cara alta y defendiéndose debido a su mansedumbre.  

Jesús Chover a pesar del poco recorrido de su carrera de novillero, y aunque debutaba en esta plaza, sorprendió gratamente. Vino con ganas y demostró tener maneras para conseguir ser alguien en esta profesión. Destacó en el último tercio donde se le vieron detalles interesantes, como la colocación, adelantando la muleta y rematando los muletazos en la cadera. Con los rehiletes estuvo muy dispuesto, demostrando seguir al pie de la letra la escuela valenciana, creada por el inolvidable Manolo Montoliú, pero su labor estuvo llena de altibajos. Aunque su primero fue un novillo que se quedaba muy corto por ambos pitones, el torero estuvo muy digno, tanto en redondos como al natural. Su segundo era un toro con toda la barba, que paso por el caballo del picador sin emplearse y el piquero de turno no lo castigo. Creyó que no lo necesitaba. En el tercer par y con las banderillas cortas le arrollo el novillo sin consecuencias. En los primeros compases de la faena de muleta al hilo de las tablas, el torero aguanto los envites de su enemigo, un manso encastado, que debido a la escasez de fuerzas estuvo a la defensiva, pero en una serie de redondos el animal se desplomo. Lo intento al natural pero no tenia recorrido. Uno de los males que tiene el toreo moderno es que los toreros prolongan innecesariamente las faenas de muleta con la única voluntad de agradar al público, y si a la hora de matar aparece algún problema, pasan apuros para despenarlos. Eso le ocurrió a Juan Chover en el sexto, recibiendo con ello los tres avisos, después de intentar descabellar a su enemigo en trece ocasiones. En uno de ellos recibió un golpe que lo dejo casi inconsciente y tuvieron que llevárselo a la enfermería. El novillo tuvo que ser apuntillado desde un burladero al no conseguir los cabestros de Florito retirarlo a los corrales. Una verdadera pena, torero.

©Pepeíllo.

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