miércoles, 25 de mayo de 2016

24 de mayo de 2016: Puerta Grande para un torero

Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Corrida de toros

Ganadería

6 Toros de Alcurrucén, encaste Rincón-Carlos Núñez. La corrida vino bien presentada y mostraron casta los pupilos de Alcurrucen, excepto el cuarto y quinto. El segundo se permitió la osadía de ser bravo. Sin embargo en el caballo su comportamiento fue de manso.

Terna:
  • Diego Urdiales: De Corinto y oro. Pinchazo sin soltar saliéndose de la suerte, pinchazo tendido y tres descabellos. Silencio. El toro fue pitado en el arrastre
  • David Mora: De verde agua y oro. Estocada perdiendo la muleta. 2 orejas. Media estocada que vale. Silencio.
  • Roca Rey. De rojo pasión. Estocada caída y descabello. Saludos desde el tercio. Estocada saliéndose de la suerte descaradamente perdiendo la muleta. Silencio. Estocada, aviso. Silencio.

Presidente: D. Justo Polo Ramos.

Concedió la vuelta al ruedo al segundo sin petición por el juego que dio en la muleta, a pesar que el toro en la primera vara manseó y se defendió en el castigo sin fijeza. 

Suerte de varas

Heredado. 510 Kg: En la primera vara el piquero le arreó sin medida, y el burel se dejó pegar. En la segunda se limitó cumplir. Manso encastado.

Malagueño. 563 Kg. Manseó, se defendió y salió suelto en la primera entrada al montado. En la segunda acudió con tranco al caballo y el piquero se limitó a sujetarlo. Manso encastado y bravo en la muleta. El presidente le concedió la vuelta al ruedo. 

Doctor. 535. 535 Kg: Derribó al montado sin entregarse en la pelea. En la segunda entrada le tapó la salida y el animal se dejó pegar. El toro manso encastado.

Mañico. 588 Kg: En la primera vara acudió suelto y salió huyendo cuando sintió el castigo. Dos veces que acudió tuvo el mismo comportamiento, la última al picador de reserva. Manso y descastado 

Sucesor. 555 Kg: No se entregó en los dos encuentros con el montado, Manso y descastado. 

Caprichosito. 550 Kg. En el enfrentamiento con el picador tuvo detalles de manso. Escarbó, tardeó en acudir al montado y al final se marchó al picador que tapaba puerta. En la segunda vara el picador se agarró bien pero el astado volvió a salir suelto. Manso encastado.

Cuadrillas y otros:

Se llenó el coso venteño en tarde de temperatura agradable. El presidente concedió la vuelta al ruedo al segundo de la tarde de nombre, Malagueño a pesar de no haber hecho una buena pelea en el caballo, ya que en la muleta tapó todas las carencias que había tenido durante la lidia.

Al mirar el cuadernillo de la reseña de la corrida los aficionados pudimos observar que se anunciaba en la cuadrilla de David Mora un torero de plata llamado Ángel Otero. Con ese nombre daban por hecho que verían, primero una buena lidia y después unos buenos pares de banderillas. No se equivocaron, solo que al segundo par cuadro un poco a cabeza pasada, pencuentro. Los aplausos del público le obligaron a desmonterarse.

En este toro Roca Rey hizo el quite que le correspondía por saltilleras, respondiéndole David Mora

Comentarios:

El torero de Móstoles vio al fin el final del túnel en el que estuvo recluido en oscuridad del olvido que causan las grandes cornadas. Fueron dos años de espera, y la afición venteña se alegró de verlo dispuesto y con ganas ante un toro exigente y ante el cual no valía la trampa y menos el cartón. Se la jugó David Mora, pero se la jugó toreando, donde tanto con la derecha como con la izquierda demostró cómo se maneja la muleta cuando se pisan los terrenos de los triunfos, toreando para dentro y de arriba abajo, rematando los muletazos cerquita de la cadera, ligando las series y cerrándolas con una torería variada, donde la imaginación torera actuaba en libertad, cerrando las tandas con pases del desprecio o con trincherazos ajustados o con pases de pecho donde la naturalidad era su exponente. Así toreo a su primero David Mora, no sin antes sufrir un fuerte revolcón al ejecutar un pase cambiado que no encajó en la faena que el torero tenía a bien ofrecer a los presentes. Fueron momentos dramáticos con un final feliz tanto para el torero como para los espectadores, que en un momento creímos lo peor. Su segundo, un animal de embestida bronca que le costaba tragarse los muletazos rebañando la muleta o lo que hubiera tras ella, no le dio al torero madrileño la oportunidad de mostrar la disposición con que se presentó en esta ocasión en Madrid. 

Diego Urdiales se presentó en esta comparecencia con una disposición entre la duda y la torería. Con un quiero y no me dejan, A muletazos limpios templando la embestida del pitón derecho de su enemigo, presentando la muleta planchada, hecho poco habitual en estos tiempos, donde todo se ha convertido en una especie de estudios cinematográficos donde hay de todo menos verdad, el riojano mezcló también una desconfianza donde parecía un acompañante de lujo en un cartel, donde el torero podía mostrar a sus compañeros la sapiencia que atesora su muleta. Pero no fue así. Su segundo enemigo no se entregó en ningún momento en la pelea, con lo que el torero tuvo que abreviar la faena sin mostrar en ningún momento que hasta los mansos descastados tiene su lidia, y este torero en particular reunía todos los ingredientes para hacerlo.

Los dos enemigos de Roca Rey no se prestaron al lucimiento del peruano, pero tampoco el torero mostró la disposición que le había encumbrado en otras tardes recientes. A su primero le presentó sus credenciales dándole un muletazo por bajo que le hizo morder la arena. Pero eso no bastó, el animal sacó una embestida incierta echando la cara arriba pero que el torero no supo modelarla con su muleta. En el torero al natural el manso encastado lo desbordó, y el matador no encontró los recursos necesarios para poderle con la pañosa. Remató la faena con unas manoletinas incluyendo un pase cambiado, que consideró oportuno para atenuar en esta ocasión su mala suerte en la interpretación del toreo que requería su enemigo. Su segundo le puso a prueba desde el primer momento de la faena, comiéndose la muleta con sus embestidas, pero en esta ocasión el torero se dedicó a colocar la muleta para acompañar la embestida de su enemigo. Su faena consistió en series de trapazos que no levantaron los ánimos de los tendidos, aplacados después de la excitación a que se vieron sometidos por el toreo de su compañero de cartel. Los comentarios vertidos próximos a mi localidad, a los cuales me uní, fue unánime: el toro ha estado por encima del torero. Dicho queda, torero.



©Pepeíllo

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