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sábado, 13 de mayo de 2017

12 de mayo de 2017: Oreja de hojalata


Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo Corrida de toros.

Ganadería

6 toros de El Ventorrillo, encaste Juan Pedro Domecq Solís. Desigual de presentación y mansa. Algunos ejemplares no hubieran dado la talla ni para carne de matadero. Allá Ud. ganadero.

Terna:

  • Eugenio de Mora: De añil y oro. 4 pinchazos, aviso, 3 descabellos, entra de nuevo a matar y consigue media estocada tendida, 2º aviso. Al límite de devolverlo al corral, se echó para no levantarse más. Silencio. Estocada baja. Silencio. 
  • Morenito de Aranda: De rioja y oro. 2 pinchazos, aviso y dos descabellos. Saludos desde el tercio. Pinchazo y estocada desprendida. Oreja con protestas.
  • Román: De nazareno y oro. Estocada en dos tiempo. Silencio. 2 pinchazos saliéndose de la suerte, media perpendicular, aviso, 3 descabellos. Silencio.

Presidente: D. Gonzalo de Villa Parro.

De nuevo el presidente pecó o de ingenuo o de generoso. Tanto una cosa como otra son criticables. Ingenuo ya que se dejó engañar por unos interesados mulilleros, que atrasan el arrastre del toro hasta que el presidente concede el trofeo al coleta de turno. Y Generoso al conceder una oreja en el quinto, con petición minoritaria dejándose llevar por un público triunfalista a la vez que ignorante. ¿A quien corresponde hacer una limpieza en esta cuadrilla de irresponsables mulilleros que se mofan, tarde tras tarde de los aficionados, tratando de demorar el arrastre del toro, buscando la propina del matador?

Suerte de varas:

  1. Baeza. 532 Kg: Negro bragado. Entró suelto y fue castigado trasero y en la segunda entrada no se empleó y volvió a salir suelto. Manso y descastado, mostrando un peligro sordo en la muleta.
  2. Nevado. 521 Kg. Negro. Se dejó pegar sin fijeza, el piquero le tapó la salida. En la segunda entrada, se repuchó, y no lo castigó. Manso y descastado.
  3. Carroñero.. 482 Kg: Negro Hizo un fea pelea y no fue castigado. La segunda vara fue de muy mala ejecución y de una deplorable lidia. Manso y descastado que terminó defendiéndose en la muleta. 
  4. Garrochista. 524 Kg: Castaño. En la primera vara apretó y el picador midió el castigo. En la segunda entrada el piquero se limitó a marcar. Los aficionados protestaron la aptitud del montado. Manso y descastado. Pitado en el arrastre.
  5. Cetrero. 524 Kg. Negro salpicado. Acudió suelto al caballo e hizo una fea pelea. En la segunda se arrancó con tranco al caballo pero el piquero se limitó a marcar el castigó. Manso que se vino arriba en banderillas, alegrando la faena de muleta. 
  6. Civilón. 564 Kg: Castaño. Empujó metiendo los riñones, pero salió suelto. La segunda entrada fue de compromiso, recibiendo un picotazo. 

Cuadrillas y otros: 

De nuevo se apoderó de la tarde un tiempo desapacible que según transcurría la lidia el frio se iba acentuando en los cuerpos de los espectadores, que solo consiguieron llenar la mitad del coso venteño en el segundo festejo del ciclo isidril.

En cuanto a los toreros de plata, en el segundo de la tarde se lucieron con los rehiletes, Roberto Martín, Jarocho y Pascual Mellinas, que el público generoso los obligó a desmonterarse. En el quinto lo hicieron también Zamorano y Pascual Mellinas, todos de la cuadrilla de Morenito de Aranda. Fernando Téllez destacó en la lidia del cuarto, intentando someter a un manso de libro.

En el lado negativo la mala lidia que recibió el tercero, por parte de la cuadrilla de Román. Un auténtico desastre de lidia y de toro. 

Comentarios:

En muchas ocasiones una vuelta al ruedo pesa más que una oreja. Así ocurrió en el segundo toro de Morenito de Aranda, en el cual le fue concedido un trofeo, protestado, después de un pinchazo y de una faena que tuvo muchos altibajos, y lo más importante, que no hubo petición mayoritaria para que el presidente lo concediera. Pero ni el público ni la plaza es lo que era, teniendo en cuenta que la seriedad de los cosos la dan los espectadores que acuden a ellos.

Morenito se encontró en el quinto el único toro que llegó a la muleta con tranco y con ganas de poner en sus manos el triunfo, pero el matador hizo lo que pudo, y la faena estuvo llena de altibajos que dejaron un mal sabor de boca en los aficionados. A muletazos llevando al astado prendido en la tela y bajándole la mano, ejecutaba otros que aunque bien trazados, les faltó el remate, que es el momento que cala en el sentimiento de los aficionados. La oreja dividió la opinión de los asistentes, por lo cual el presidente tuvo que soportar el reclamo de la seriedad por parte de los aficionados. El primero de su lote lo brindó a su apoderado, Ortega Cano. Su enemigo no existió en la medida que hubiera deseado el arandino, y dada su disposición consiguió algún que otro muletazo templado. Al natural el animal se negó en el recorrido para que el torero hubiera intentado la creación de la belleza del natural. De nuevo la espada le dio la espalda al matador. Con el capote intentó lucirse en el quinto, consiguiendo dos verónicas que levantaron los primeros olés en esta suerte tan olvidada en la actualidad.

Por su parte, Eugenio de Mora recibió a su primero de hinojos, pero el toro con querencias hacía los adentros le apretó poniéndolo en apuros. Lo sacó a los medios pero el manso no quería pelea y poco a poco, acudiendo al engaño con la cara alta, fue reculando hasta llevar al torero a las tablas. Tampoco tuvo suerte el toledano con la espada, y por tal motivo recibió dos avisos de la presidencia. Su segundo supero al primero en el mal juego, que unido al aire que acompañó la faena de muleta, el torero no tuvo oportunidad de mostrar su valía. El burel medía sus embestidas y el maestro intentó sacarlo de las querencias de tablas pero no lo consiguió. El animal mostró indicios de echarse, a lo que un aficionado intentó recordarle al ganadero, Fidel San Román, que tomara buena nota del comportamiento de su ganado y de paso que el empresario tuviera en cuenta esta ganadería para futuros festejos, ya que ponía en entredicho la credibilidad de la primera plaza del mundo.

Román se encontró en su primero a un toro que había tenido que soportar una mala lidia, y como consecuencia de este hecho y de su mansedumbre, el animal acudía al engaño defendiéndose y buscando la presa que había detrás de la pañosa. El matador intentó justificarse pero el animal le negó esa voluntad. En el que cerró plaza, el torero valenciano comenzó la faena con unos muletazos indefinidos, entre el pase del telón y el estatuario, lo que si definió con ello fue el error que cometió, ya que debió someterlo por bajo. Continuó sometiendo a su enemigo con una serie de muletazos que a la vista de los aficionados eran verdaderos trapazos sin conseguir ninguno limpio. Cuando se echó la muleta a la izquierda al segundo natural el toro lo prendió por la taleguilla y lo volteó, afortunadamente sin consecuencias. A partir de aquí el torero trató de conseguir una faena épica a través del tremendismo, con su enemigo acunado en tablas y el torero tratando de sacar de él lo imposible. Menos mal que pudo abandonar la plaza por su propio pie, lo contrario hubiera sido como consecuencia de un despropósito. Otra vez será, matador. 



©Pepeíllo.

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