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jueves, 8 de junio de 2017

7 de junio de 2017. Toros de Puerta Grande

Ganadería

5 toros de Rehuelga y 1 de San Martín, ambos encaste Santa Coloma en la línea de Javier Buendía. Bien presentados y de juego desigual. El tercero y quinto fueron aplaudidos de salida. Por su juego en el ruedo, el tercero, cuarto y sexto fueron aplaudidos en el arrastre. Al quinto se le dio la vuelta al ruedo entre algunas protestas. 

Terna:
  • Fernando Robleño: De sangre de toro y oro. Dos pinchazos y estocada. Silencio. Estocada baja y siete descabellos. Aviso. Silencio. 
  • Alberto Aguilar: De salmón y oro. Pinchazo y estocada baja perdiendo la muleta. Silencio. Estocada baja protestada. Saludos desde el tercio.
  • Pérez Mota: De pizarra y oro. Dos pinchazos y estocada que vale, saliendo arrollado del embroque. Pitos. Metisaca y estocada. Silencio.
Presidente: D. Jesús María Gómez Martín. 

En el quinto sacó el pañuelo azul sin que el público solicitara la vuelta al ruedo del toro.
En el tercero cambió el tercio cuando los aficionados esperaban que el toro acudiese al caballo por tercera vez. Alguien le increpó comentando que había demostrado no tener afición. 

Suerte de varas: 
  1. Acompasado. 532 Kg. Cárdeno bragado meano No se empleó en el caballo. Manso y sin gota de casta.
  2. Guanaguato. 527 Kg. Cárdeno bragado meano axiblanco. En varas no dio buen juego. Manso, descastado y blando.
  3. Perlasnegras. 534 Kg. Cárdeno bragado meano. Manso en el caballo y en la muleta se fue sin torear. Aplaudido en el arrastre.
  4. Callejero. 608 Kg. Cárdeno salpicado lucero. Juego desigual en el caballo, en la muleta el torero se lo dejó ir al desolladero con las orejas puestas. 
  5. Liebre. 647 Kg. Cárdeno bragado meano corrido. Acudió tres veces al caballo con tranco y sin dudar un momento. Se dejó pegar con fijeza, aunque le faltó fuerza en la muleta. Vuelta al ruedo.
  6. Coquinero. 577 Kg. Negro listón bragado meano. Se arrancó dos veces al caballo y en la muleta mostró mucha nobleza. Estuvo por encima del torero. Aplaudido en el arrastre.
Cuadrillas y otros: 

En la cuarta corrida del ciclo torista, la plaza registró media entrada. Hoy no venían figuras, y este hecho hizo mella en los espectadores del “Gintonic”. Los aficionados fueron fieles a la cita.
En el segundo de la tarde se lució en la lidia, Raúl Ruiz y en un par de banderillas en la quinto. En el tercero se desmonteró Juan Contreras, En el sexto se lucieron con los rehiletes, tanto Raúl Caricol como Alfredo Jiménez.
Sin embargo en el segundo la cuadrilla de Alberto Aguilar necesitó pasar cinco veces por la cara del toro para dejar cuatro palos, sin que el toro mostrara un peligro evidente. ¡De pena!

Comentarios:

Por fin los aficionados abandonaban la plaza hablando de la corrida y alegrándose del éxito ganadero. Esperemos que las figuras no pongan el foco en esta ganadería. Hubo una coincidencia en los comentarios, al ganado le faltó algo de casta, ese picante que llega a los tendidos y que realza la labor de los toreros. Sin embargo mostraron nobleza y algunos ejemplares bravura, virtudes que puso en manos de los tres espadas el triunfo y que ninguno aprovechó. Hay que decir que los tres dejaron ver los toros, hecho que satisfizo a los aficionados que vieron por fin en esta feria la suerte de varas, sin tener que desplazarse a las plazas francesas.

Sin embargo con la muleta la labor de los toreros se vio ensombrecida, no por el lucimiento de los toros, sino que ninguno mostró los recursos que necesitaron sus enemigos. Fernando Robleño en su primero, un remiendo de San Martín, se encontró con un manso sin gota de casta en sus venas, pero tampoco el torero mostró la disposición que exigía la ocasión. En cuanto lo sometía perdía las manos, acudiendo al engaño con la cara alta. El madrileño optó por ponerse al hilo del pitón, perdiendo pasos entre muletazos y mostrando una desconfianza impropia de un coleta con recursos contrastados. El animal terminó desarrollando sentido. En su segundo fue un manojo de nervios. Su enemigo metía la cabeza con claridad por el pitón derecho, pero el torero decidió, tanto en redondos como la natural, citar descolocado, rectificando terrenos continuamente, eso sí, sin olvidar mostrar la muleta con el pico por delante. Oí escuchar a los aficionados. “otro toro que se ha ido sin torear”.

El primero de Alberto Aguilar fue un animal manso, descastado y blando, que al segundo muletazos perdió las manos. En las primeras tandas ajustó las embestidas en el toreo en redondo, anotando un pase de pecho largo y hondo. El toro no estaba para florituras, pero lo poco que podía sacarle lo hizo citando descolocado, restándole a su faena la hondura que da la colocación y el remate. Al natural no encontró el sitio, y el toro decidió ir a su aire ya que aprendió que dejaba algo atrás. En el quinto le tocó en suerte el toro de la vuelta al ruedo, y eso fue un arma de doble filo, ya que si todos vieron que el animal fue bravo y noble, el torero se preguntaría, ¿Qué ha pasado? Ocurrió que debido a la lidia exigente a que fue sometido el animal en el caballo, llegó a la muleta con poco recorrido y a pesar que el torero mostró disposición no le dio opción para el lucimiento. Las tres veces que acudió al caballo debieron pesar mucho. Al principio de faena el torero recibió un varetazo, al parecer sin consecuencias.

El primero de Pérez Mota murió en los medios y a criterio de algunos aficionados se fue sin torear. Así de simple se puede definir la faena del gaditano. Algo de razón tenían en sus comentarios. El torero tuvo la virtud de dejar ver a su enemigo en el caballo, y cuando llegó a la muleta lo recibió con unos muletazos para sacarlo a los medios con torería, mostrando detalles en el manejo de la pañosa, pero el animal no fue un manantial de fuerza y a pesar de esto, se dejó torear como un carretón y el torero no lo aprovechó, colocándose al hilo del pitón. Cuando tomó la espada el toro continuaba embistiendo, sin embargo el torero abusó de las posturas cuando salía de la cara del toro. En su segundo tampoco estuvo acertado. Ante un animal que metía la cabeza con mucha nobleza, el torero dio una tanda aceptable de naturales, pero le falto asentar las zapatillas en la arena, el momento lo requería, ya que animal se toreaba solo. Cambió de pitón y al primer muletazo lo desarmó. Alguien dijo de viva voz, el toro no está a la altura de su enemigo. No hacen falta más comentarios, solo decir que el torero se acordará de este toro en mucho tiempo.

©Pepeíllo.

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