jueves, 25 de junio de 2026

A Cristina y a toda su razón de la sinrazón. 

Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Novillada nocturna. 

“Una estocada salvó la tarde.”

Se corrieron seis novillos de Los Chospes, procedencia Juan Pedro domecq y Díez y Jandilla, en la primera novillada del mal llamado ciclo “Cénate Las Ventas”. De variada presentación, el primero fue protestado por falta de trapío y el segundo pitado en el arrastre. En el juego predominó la mansedumbre y salvo el cuarto, falto de casta. El coso registró algo menos de media entrada donde el calor dio un respiro a los madrileños.

Terna:

Álvaro de chinchón. De purísima y oro. Pinchazo saliéndose de la suerte y estocada baja tirándose para fuera. Silencio. En el cuarto pinchazo con ventaja y estocada. Silencio.

El Mene: De tabaco y oro. Pinchazo y estocada habilidosa que rueda el manso entablerado. Silencio. En el quito estoconazo tirándose por derecho. Oreja.

Félix San Román. (Presentación). De marino y oro. Tres pinchazos sin soltar, entre ellos recibió el primer aviso y estocada trasera. Antes de doblar el novillo recibió el segundo aviso. En el sexto dos pinchazos y estocada. Aviso. El animal se echó después de dar la vuelta al ruedo buscando la salida.

Presidente: José A. rodríguez San Román.

En el segundo cambió el tercio de banderillas con tres palos. La incompetencia de los toreros de plata no debe servir para saltarse el reglamento, Señor Presidente. Debe tener en cuenta que preside la primera plaza del mundo. O eso dicen los interesados.

Suerte de varas:

El tapar la salida a los animales y picar trasero es una realidad que nadie quiere solucionar. Ayer tampoco estuvo justificado. El sexto apretó en varas y el señorito del castoreño, Santiago Pérez, lo castigó trasero y con saña. Los demás mansearon pero no para llegar a ese estado de incompetencia que los que se montan en los caballos de picar tienen metido en sus genes. El segundo, un manso de libro, acudió al picador de reserva al no encontrar en la cuadrilla ningún torero que lo fijara.

Cuadrillas.

Destacó en el quinto la buena lidia de “Candelas”. En banderillas hubo de todo como en botica. En algunos casos los toreros de plata no encontraron soluciones al parear a sus enemigos, algunos en los terrenos de tablas.

Crónica.

El primero de Álvaro de Chinchón se llamaba Cortés, un manso que salió huyendo las dos veces que acudió al montado. Cuando llegó a la muleta el torero lo recibió con unos muletazos por arriba, para levantarle el ánimo. Al torero le costó templar las acometidas por el derecho. Por el izquierdo el animal topaba en la muleta acudiendo con la cara alta, el torero tampoco mostró muchas intenciones de lucimiento, falto de colocación y de mando, decidió tomar el acero y mandarlo al desolladero. En el cuarto el chinchonense se encontró con Janetero. Al recibirlo de capote el animal se desplazó por ambos pitones, pero el torero no encontró el temple para el lucimiento. El manso encastadito, salió suelto en su pelea con el montado pero en el último tercio le sacó los colores al matador. El torero comenzó sometiéndolo por bajo, pero su muleta no pudo con su enemigo. Lo intentó por ambas manos, pero el animal fue dueño de la pelea. Es lo que tiene la casta, aunque sea mala.

El Mene se encontró con Indomable, que salió suelto del capote del torero, parándolo cuando lo sacó a los medios. El novillo hizo una fea pelea en varas y en banderillas trajo en jaque a la cuadrilla. Con la muleta el zaragozano lo sacó a la segunda raya de picadores, le quitó las moscas y tomó el acero. El quinto se llamó Fulano que salió suelto las dos veces que acudió al caballo. El tercio de banderillas fue un sainete y cuando llegó al último tercio el animal no se entregó en la pelea. El torero mostró maneras pero no tuvo enemigo. Al final de su labor le sacó algunos medios naturales que la parroquia jaleó. A falta de pan… Se tiró tras el estoque y consiguió enterrar el acero hasta las cintas. Fue premiado con un trofeo.

Muchos no entendieron el acartelamiento de Félix San Román, pero había que verlo. Nada más tomar el capote, se pudo comprobar que el torero estaba muy limitado técnicamente. Su primero se llamó Sevillano y fue un toro de figuras. Lo recibió con una larga cambiada en el tercio. Cuando lo intentó a la verónica el novillo metió la cara, pero el madrileño no conjugó el ofrecimiento, ofreciéndole mantazos. Con la muleta lo sometió por bajo y se pudo comprobar que el animal tenía poco recorrido pero la muleta del torero, menos. Con este juego de incompetencias, se puso pesado y recibió dos avisos de la presidencia. El sexto de nombre Horchatito, salía suelto de los engaños. El animal se empleó en el caballo metiendo los riñones pero fue castigado trasero. Con la muleta se permitió el lujo de recibirlo con muletazos por alto y el animal al no soportar ese castigo se marchó al refugio de las tablas. Nada le ofreció al torero, pero éste le ofreció la misma respuesta. Recibió un aviso mientras el novillo daba la vuelta al ruedo buscando doblar al refugio de las tablas.

©Pepeíllo.

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