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lunes, 12 de mayo de 2008

San Isidro 2008 3ª: La bondad por testigo

10 de mayo de 2008

Toros: De Peñajara. Encaste Baltasar Ibán.

Terna:

  • Manolo Sánchez: Pinchazo, estocada caída y descabello. Saludos desde el tercio. Pinchazo bajo saliéndose de la suerte. Un descabello. Silencio.
  • Eugenio de Mora: Dos pinchazos y once descabellos. Dos avisos. Estocada baja habilidosa. Tímidos pitos.
  • Antonio Barrera: Estocada trasera, caída y atravesada. Aviso y un descabello. Silencio. Estocada trasera perdiendo la muleta. Minoritaria petición y vuelta protestada.

Preside la corrida: Trinidad López Pastor.


Al decir que los toros fueron unas hermanitas de la caridad, no estoy descubriendo ningún secreto, ya que se pudo comprobar que casi todos se dejaron torear, y ninguno de ellos pidió el carné de matador de reses bravas a los que componían la terna. Lo que no llegué a comprender es cómo Manolo Sánchez toreó con muleta de seda a su primero, aunque fallara a espadas, y en su segundo, un toro sin ninguna complicación evidente, no dejara su sello personal toreando como lo dejó en el anterior, necesitado de contratos como lo están sus compañeros de terna. El caso es que parecía otro torero, sin sitio, medroso y desconfiado y como consecuencia el toro se hizo dueño de la situación. La casta es así, o mandas, o te mandan.

El torero toledano, Eugenio de Mora, llegó a la plaza en horas bajas y salvo en algún detalle, se marchó con la misma vitola. En su primero, un toro bronco de salida, lo fijó con el capote, siendo este hecho cada vez más raro de ver. Fue picado trasero las dos veces que entró al caballo y eso marcó el comportamiento del toro para el resto de la lidia. El toro estaba escaso de fuerzas y su único propósito era defenderse, pero el torero no hizo nada digno que no fuera perderle pasos en cada pase y bailar alrededor del toro, sin llegar a jugársela como hubiera sido de esperar, dada su situación. Su segundo, de bonito pelaje sardo, más que bravo tenía aires de bravucón y no estuvo muy sobrado de fuerzas, pero el torero tampoco estuvo muy entregado en la faena de muleta. Dio la impresión de no entenderse con su enemigo y anduvieron los dos desconfiados, no entregándose ninguno en sus labores encomendadas, el toro a embestir y el torero a torear.

Antonio Barrera adoleció del mal que impera en la fiesta y es el de no fijar al toro de salida con el capote, claro, como hoy se lidian toros - artistas, o lo que es lo mismo toros idiotas, la consecuencia de no parar a un toro encastado es que se hacen los dueños del ruedo y no dejan colocarse a los picadores cuando aparecen en el ruedo, menos mal que alguien estuvo atento y paró al toro cuando ya iba derecho a estos. Su principal defecto fue la flojedad. En la faena de muleta lo recibió desde la boca de riego con dos pases cambiados que encogieron los corazones de los espectadores, sobre todo el primero, cambiando el viaje del toro casi entrando en jurisdicción. Pero ahí terminó todo, después vino lo de siempre, toreando con el pico, sin cruzarse y haciendo una faena falta de emotividad. Fue una pena que se le fuera un buen toro para la muleta. En su segundo, no hay frase más dura que puedan decirle a un coleta que “ el toro se ha ido sin torear” y la cruda verdad es que fue así. No hay peor situación para un torero de pocos recursos de muleta que un toro le meta la cabeza con calidad. Fue una faena embarullada, pero con voluntad, y eso fue lo que el público le premió solicitando la oreja que el Presidente denegó por no haber mayoría. Dio una vuelta al ruedo que fue protestada.

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