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lunes, 11 de mayo de 2009

10 de mayo de 2009: Más de lo mismo

10 de mayo de 2009

Toros: De Los Recitales. Encaste. Juan Pedro Domecq en la línea de Osborne. 5º de Fernando Peña.

Terna:
  • Curro Díaz: Metisaca en la paletilla y bajonazo sin vergüenza torera. Pitos. Pinchazo hondo, bajonazo con descaro. Silencio.
  • Iván Vicente: Estocada muy atravesada, un pinchazo y pinchazo hondo tirándose fuera de la suerte. Silencio. 2 pinchazos y descabello. Silencio.
  • Ambel Posada: 2 pinchazos y estocada. Silencio. Sablazo saliéndose de la suerte. Silencio.

Preside la corrida D. Manuel Muñoz Infante.


Desgraciadamente, en esta ocasión como en otras, tenemos que acordarnos del dicho atribuido a no sé qué torero, que le dijo al aspirante: "Pídele a no sé quién, que no te salga nunca un toro bravo". Esto se podía cambiar hoy por: Encomiéndate a quien desees para que no te salga nunca un toro que meta la cabeza con nobleza y que repita, porque desde que el mundo es mundo, los buenos toros han descubierto a los malos toreros. Toreros que sin destacar a nadie de los que actuaron ayer, tuvieron la oportunidad de sacar a la fiesta de la mediocridad en la que está fundida, y haber dado una satisfacción al público asistente que casi abarrotaba el coso venteño, con un cartel que de haberse celebrado fuera de feria, no hubiera sido capaz de reunir en el coso ni a la cuarta parte del público. Ayer, como los demás días, fueron ganancias redondas para los arrendatarios de la plaza. Para que luego se comente en los mentideros taurinos que cuando una figura pide unos emolumentos excesivos por acudir a la feria, la empresa se eche las manos a la cabeza y le niegue su petición.

Aunque el ganado corrido fue de escasa presentación y algunos de ellos con las fuerzas justas, fueron tratados con mucha benevolencia por los picadores, pero dieron buen juego en general, sobre todo para los toreros, ya que no les pidieron el carnet de profesional, llegando algunos a la muleta con las orejas casi cortadas, sólo faltaba echar el paso para adelante y torear, y con diez muletazos llevarse los apéndices al esportón. Torear como seguramente les habrán enseñado en la escuela, y si no es así, debían pedirles responsabilidades a los maestros que les dieron las clases, porque si estos les enseñaron a meter el pico, a descargar la suerte, a citar con la muleta retrasada y en lugar de rematar los pases en la cadera sacar al toro para afuera, deberían, por lo menos, haber corregido esa caterva de errores en el tiempo que llevan en esta profesión. Distinto es que hayan aprendido esos vicios de las figuras que colman el escalafón, y que siembran las plazas de España de toreo vulgar, a la vez que llenan sus esportones de orejas de toros sin raza, inválidos, presuntamente afeitados y criados y seleccionados con el único propósito de servir al torero para que se luzca en la muleta, por supuesto con el toreo moderno, y cuando sale un toro con algo de casta, la mayoría de ellos se ven desbordados y con un desconocimiento supino de las normas de la lidia.

Curro Díaz, torero con algo de sabor, se dejó ayer en el hotel el manual a aplicar a los toros que le tocaron en suerte y estuvo desdibujado y a merced de sus enemigos, más parecía una bailarina de ballet que un torero con mando y con los conocimientos suficientes para haber bordado el toreo que lleva dentro. Hay que decir también que su primero, un toro con las fuerzas escasas, llegó a la muleta defendiéndose, pero tenía faena suficiente para un torero que hubiera querido hacerla. En su segundo templó algunos muletazos, pero con un toreo ventajista que no caló en los tendidos.

A Iván Vicente le tocó un lote para haber reinventado el toreo, pero le vino larga la apuesta y no quiso o no supo estar a la altura exigida por sus enemigos. Cuando tenga algún momento de reflexión, se dará cuenta de la oportunidad perdida.

El primero de Ambel Posada era un toro con mucha fijeza e iba bien por ambos pitones, pero el torero no quiso ver las condiciones del toro y terminó ahogando la embestida como recurso, posiblemente, de tapar al animal. En su segundo, brindó la faena al respetable, seguramente con el fin de recibir los aplausos que no podría sacar del público toreando. Fue el único toro que llegó a la muleta con dificultades, ya que acudía al engaño algo rebrincado, pero el matador no tuvo el temple suficiente para haber atemperado su acometida. Ese es el toreo, el poderle a los toros de distintas condiciones.

Hay que destacar con letras de molde que ayer se picaron algunos toros en su sitio como fue le caso del quinto, donde Héctor Vicente picó donde debe picarse, y también Francisco José Martín picó arriba al sexto de la tarde. ¡Enhorabuena, toreros!

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