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viernes, 13 de mayo de 2011

12 de Mayo de 201: Pesadumbre

Toros de: José Escolar. Encaste: Albaserrada
Terna:
  • Rafaelillo: Bronca y bronca.
  • Fernando Robleño: Pitos y silencio.
  • Alberto Aguilar: Silencio y silencio.
Preside la corrida D. Manuel Muñoz Infante.

Ayer había pesadumbre en los rostros de los aficionados que sienten la fiesta como algo suyo y creo que en los demás, también. Los toreros se fueron de vacío. De vacío de trofeos y lo que es más importante, de toreo, ya que ninguno de los tres demostró nada de lo que pudieran sentirse orgullosos al vestirse de luces. Eso sí, habrá que felicitarles por haber tenido la hombría de anunciarse en los carteles con este tipo de ganado. También hay que decir que la corrida fue complicada, y que casi todos los toros salieron al redondel con aviesas intenciones, pero eso es la casta, buena o mala, y la emoción. A estos toros hay que poderles con muletas poderosas y que demuestren los toreros con ellas en las manos que están por encima de sus enemigos. Para el toreo de filigrana ya están esos toreros que llenan las plazas de vulgaridad. A los aficionados les gustaría que esas figuras indultaran un toro de estas características, pero eso, lamentablemente, tendrá que esperar.

El salir airoso con una corrida de este tipo exigía que los toreros tuvieran unos conocimientos profundos de la lidia y eso es lo que falló. Daba pena oír los comentarios de los aficionados al abandonar la plaza, ya que a través de ellos daban una imagen real de la situación actual de la fiesta, en los que la mayoría iban en la misma dirección: "Hoy no hay toreros que puedan con estos toros".

Nadie quedó exento de su responsabilidad, ya que todos tuvieron la culpa del desastre taurino, desde el matador de turno hasta el tercero de la cuadrilla, incluyendo los picadores y si no, ahí va un detalle: cuando salieron los montados al ruedo en el quinto de la tarde, no se había colocado aún el picador titular en su terreno cuando el toro salió suelto y se fue directamente al picador que tapaba puerta, pues el tercero de la cuadrilla de Fernando Robleño, de nombre Juan Cantora, tenía la "obligación" de de estar junto a este picador, pues, aún no se había enterado de su cometido. En la suerte de varas todo salió al revés.

Si hablamos de los toreros de a pie, nadie colocó en suerte al toro durante toda la tarde, y si es de los picadores, no se vio ni una vara en condiciones, se entiende así citar dando los pechos del caballo y lo más importante, picar delantero. En estos toros era fundamental esta suerte. Pero al contrario de lo que podamos creer, parecía que el único objetivo de los montados era superar en desaciertos al compañero.

En cuanto a los toreros de plata, daba pena ver pasar a los rehileteros por la cara de sus oponentes corriendo como alma que lleva el diablo. ¿Qué querían demostrar con esa falta de profesionalidad? Que el ganado no valía para la lidia, si es así, creo que la mayoría debería dejar la profesión.

Los matadores, por su parte, decepcionaron. Rafaelillo, torero experimentado en este tipo de encastes se vio superado en su lote y nunca logró centrar su toreo de acuerdo a lo que su oponente requería, que no era, ni más ni menos, que lidiar. Robleño, sin embargo, logró dos verónicas de lujo en su primero, pero ese es todo el bagaje que consiguió. Después naufragó como sus compañeros. El torero madrileño, Alberto Aguilar, mostró falta de oficio en ambos toros, con el atenuante de que cuando los bureles llegaron a la muleta ya venían avisados debido a la mala lidia que había llevado a cabo su cuadrilla.

Insisto, con este tipo de ganado hay que hacer las cosas muy bien desde el principio, una duda, un error, cualquier detalle que con los demás toros pasa inadvertido para su comportamiento, con el toro encastado, no vale.

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