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sábado, 28 de mayo de 2011

27 de Mayo de 2011: Otra vez figuras

Toros de: Las Ramblas. 4º de José Vázquez. Encaste: El torero y Jandilla.
Terna:
  • Manuel Jesús El Cid: Media estocada. Caída y trasera. Descabello, tímidos aplausos. 4 pinchazos y estocada. Silencio.
  • David Fandila, El Fandi: Sartenazo. Silencio. Estocada tendida. Silencio.
  • Arturo Zaldívar: Estocada trasera. División de opiniones. Cinco pinchazos. Aviso. Silencio.
Preside la corrida D. Trinidad López-Pastor Expósito.

No hay duda, cuando vienen las figuras siempre hay movida de corrales. ¿Por qué? Muy fácil. Los veedores de los toreros/figuras van a las fincas de las ganaderías elegidas en la feria, seleccionan los toros para sus toreros y cuando pasan el reconocimiento de la plaza son rechazados por los veterinarios, algunas veces en su totalidad y otras dejan algún resto como muestra. El siguiente paso es traer más toros, sean de la misma ganadería o de otra. Al final de todo este esperpento lo que suele salir por chiqueros es un toro sin trapío y la mayoría de las veces hecho un cadáver. Lo que el aficionado se pregunta: ¿Cómo serían los toros que rechazaron los veterinarios?

¿Los toreros de ayer eran figuras? Lo fuesen o no, los toros fueron rechazados y el ganadero tuvo que traer más animales y al final la ganadería titular tuvo que remedarse con un ejemplar de José Vázquez para que los figuras pudiesen torear con garantías. Pero no terminó así este asunto fraudulento. Durante la corrida fueron devueltos tres toros, el primero y el cuarto, este por dos veces y en su lugar salieron los sobreros anunciados de José Vázquez, Ortigao Costa y otro de José Luis Iniesta. Con esto no crean que ayer se anunciaban los descubridores del toreo, ni mucho menos.

El único de los anunciados que podía poner firmes a los toreros/figuras era El Cid, torero forjado en la trastienda de la fiesta, en esa donde se torean toros en puntas y no se puede elegir ni compañeros de cartel ni ganadería, pero desde que viaja en el tren de los elegidos, anunciándose en las mejores ferias, se ha olvidado de torear. Ayer lo intentó, pero no lo consiguió. Ahora lo hace poniendo en práctica todas las triquiñuelas que utilizan las figuras, seguramente para no desentonar con ellas. Al final casi engaña al respetable, porque si llega a matar bien, quién sabe si le hubieran dado la oreja, pero de torear, nada de nada. Se limitó a tirar líneas cuando antes tiraba curvas con esa mano izquierda que tiene que podía barrer de un solo plumazo a toda la jerarquía de toreros/figuras, pero se ha convertido en una más y por eso ahora no le valen los toros con casta que mataba antes.

Y El Fandi, ¿se puede considerar figura a este torero? Si fuera por corridas toreadas sí, ya que lleva varios años liderando el escalafón, a la vez que hace felices a todos los públicos que deciden ir a verle allá donde se anuncia, y hasta se permite el lujo de indultar toros. Con esos pares de banderillas tan vistosos, mostrando una preparación física envidiable, corriendo delante del toro. Después, cuando se analizan los pequeños detalles de sus faenas se observa que no son, ni tan vistosas, ni tan toreras, como en un principio pudiese parecer. Pero lo que no cabe la menor duda es que para llevar a cabo este tipo de toreo tienen que elegirle los toros, sino, no hay juego. Pero hay un pequeño problema y es que el aficionado no piensa de la misma manera, ya que ni disfruta con sus banderillas, en la mayoría de los casos a toro pasado, ni con su muleta, una de las más vulgares del escalafón y menos cuando le echan los toros que como los de ayer, donde no convenció ni a sus incondicionales.

Arturo Zaldívar, llegó por el camino de la sustitución al no poder torear Curro Díaz. El chaval tampoco tuvo su tarde, ni los toros que hubieran permitido su lucimiento, ante la mansada y descastada corrida que salió por chiqueros. No obstante, en su primero, blando y sin casta, lo intentó, comenzando la faena de muleta de hinojos en el anillo, pero cuando se puso de pie y tuvo que torear, se limitó a perderle pasos y a no rematar los muletazos, teniendo que tirar de la faceta de tremendista para tratar de agradar a la concurrencia. Sin embargo, en su segundo y ante un toro con complicaciones que no se dejaba torear si no le hacían las cosas bien, se limitó a poner en práctica el tipo de faena como si fuera el borrego de turno, pero el toro no se lo permitió. Al final se puso pesado y cuando la concurrencia se decidía a poner los pasos en dirección a sus domicilios eran las nueve y media de la noche, y total, para qué.

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