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lunes, 30 de mayo de 2011

29 de Mayo de 2011: Carne de matadero

Toros de: Cuatro de Samuel Flores y 2 de Agustina López Flores, lidiados en 3º y 5º lugar.
Terna:
  • Juan Losé Padilla: Sartenazo. Bronca. Pinchazo y media. Bronca.
  • Antonio Ferrera: Dos pinchazos y sartenazo. Tres pinchazos y descabello. Aplausos.
  • César Jiménez: Pinchazo y casi entera. Aplausos. Pinchazo y 2 descabellos. Silencio.
Preside la corrida D. César Gómez Rodríguez.

Los toros que Samuel Flores y Manuela Agustina López Flores lidiaron ayer en Las Ventas debían haber tomado el camino del matadero y nunca haber aparecido por un portón de chiqueros para ser lidiados. Seguro que si los venden para carne les hubieran puesto reparos, pero en esta plaza, con este empresario, vale últimamente todo, la única duda que tienen los aficionados es el precio que los gestores pagaron por ellos, porque claro, se supone que en función del precio estará la calidad. Ninguno de los que salieron al redondel tenía un gramo de casta, mucha mansedumbre y poca fuerza, rayando la podredumbre. Ninguno valía ni las miradas de los espectadores. En quinto lugar salió un sobrero de la ganadería de Los Chospos, que para no desentonar con los anteriores, manseó en varas y la única diferencia es que se vino algo arriba en banderillas y puso en aprietos a Ferrera que no dejó de bailar en la cara del toro durante la faena de muleta sin llegar a acoplarse a su enemigo en ningún momento.

¡Vaya ganadería! y pensar que fue en una época no muy lejana el santo y seña de los toreros punteros. Siempre ocurre lo mismo, las ganaderías que se dejan torear se las rifan los toreros, el ganadero cegado por su éxito, y atacado de vanidad, descuida la selección de los productos y creen que todo lo que sale del vientre de sus vacas es bueno, y cuando comienzan a aparecer las dificultades los figuras le dan la espalda y los ganaderos tienen que comenzar a levantar la ganadería. En este caso concreto ya lleva varios años en esta situación, criando mansedumbre, sin casta y con una visible falta de fuerzas. Los figuras actuales no quieren ni oír hablar de ella.

La presentación tampoco fue una dicha de trapío. Casi todos los toros salieron terciados y el juego que dieron fue para olvidar. El único que se dejo dar unos muletazos fue el tercero y César Jiménez estuvo voluntarioso pero nada más, sin llegar a dar el paso definitivo que afianzara su dubitativa carrera, pero al parecer no se encontró a gusto en la cara del toro, no adelantó la muleta, toreó fuera de cacho y sin bajarle la mano. Tuvo en su haber que su enemigo no repetía y a pesar de esto consiguió sacarle algunos muletazos con temple.

Sus compañeros sin embargo, al no tener toros para la muleta, se dedicaron a montar el sainete con los palos. En el primero de Padilla y de Ferrera se los repartieron como buenos hermanos, pero ahí terminó todo. Son toreros que buscan la espectacularidad en sus labores rehileteras, pero cuando llega la hora de la verdad, una vez que han sembrado el ruedo de carreras atléticas, muchas de ellas sin sentido, cuando se produce el embroque, colocan los pares a toro pasado y en los bajos, como le pasó a Padilla. Después cada uno colocó los pares a su segundo enemigo, corriendo distinta suerte, mientras Ferrera que estuvo valiente, sin pasar de la vulgaridad de su estilo, intentó colocar un par al quiebro y le salió un recorte, gajes del oficio.

Sin embargo Padilla no estuvo acertado ni con las ventajas habituales que suele imprimir a sus faenas. Con la muleta en la mano, ambos se perdieron en un camino que debería haber sido corto y quisieron alargar con más voluntad que acierto, y cuando se tiraron al morrillo del toro para despenarlos ambos colocaron a sus primeros enemigos unos sartenazos impropios de unos toreros que se visten de luces, haciendo sufrir a la parroquia durante dos horas y veinte minutos, con el consentimiento de los astados de Samuel Flores.

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