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jueves, 17 de mayo de 2012

16 de mayo de 2012: Faltó casta y sobró mansedumbre


Toros. De El Montecillo. Encaste, Juan Pedro Domecq, en la línea de El Ventorrillo.
Terna:
  • El Cid: Estocada habilidosa y 3 descabellos. Silencio. Pinchazo sin soltar, estocada trasera y descabello tras aviso. Silencio.
  • César Jiménez: Estocada tendida y desprendida y descabello tras aviso. Silencio. Cuatro pinchazos y se echa el toro. Silencio.
  • Iván Fandiño: Media desprendida, pinchazo caído y descabello tras aviso. Silencio. Estocada baja, oreja.

Suerte de varas: Mal juego de los astados de Francisco Medina que derrocharon mansedumbre desde el primero hasta el último. Y ahora con la reforma laboral, los toreros debían plantearse despedir a los picadores, o como menor medida mandarlos a la escuela de picadores
  • Primero: Enrollado: En la primera vara lo pica trasero y el toro hace una fea pelea. En la segunda entrada lo sujeta solamente.
  • Segundo: Ilustrado. No se emplea en el castigo y pierde las manos y no precisamente por codicioso. En la segunda entrada al caballo se deja pegar, pero no le gusta mucho el caballo. Mansea.
  • Tercero. Renacuajo. En la primera vara lo pica muy trasero. El toro sale suelto y le cuesta humillar. En la segunda vara se defiende. Otro manso de escaparate de esta especie.
  • Cuarto. Codiciado: Pica trasero y le hace la carioca, el animal se defiende del impresentable montado que le ha tocado soportar, sale suelto y mansea como sus hermanos de camada. En la segunda vara, lo pican trasero y rectifica el piquero. Sale suelto.
  • Quinto: Imperdible: Acude primero al picador que tapa puerta, después se va al otro caballo. No se emplea, sale suelto y entra de nuevo al caballo al relance, aunque tampoco se emplea. Manso.
  • Sexto: Desconocido. Romanea y levanta al mastodonte y el piquero sale despedido por los aires, sin consecuencias. En la segunda entrada al caballo lo pica trasero, pero sin castigar al animal.
Presidente: Sólo un borrón en la actuación del presidente. La concesión de la oreja en el sexto, después de un bajonazo de Fandiño.

El ganado que vendió Francisco Medina a los espectadores de Las Ventas a través de la empresa que gestiona la plaza, fue una mansada para olvidar. Lo que los espectadores desconocían fue como se llevó a cabo la negociación y cuanto pagó la empresa por la corrida, ya que no es lo mismo comprar lo mejor de la camada que el resto. Todo depende de lo que se pague por la corrida. Lo que también ocurrió en este caso es que los aficionados tenían muchas esperanzas en esta ganadería, ya que tiene impreso en sus retinas las buenas corridas que este ganadero ha dado en Madrid cuando era propietario de la ganadería de El Ventorrillo, antes de vendérsela a Fidel San Román, quedándose él con una punta de la ganadería cuando se deshizo de ella. Todos creían que “Paco Medina” se había quedado con lo mejor de su camada, y al crear con esa punta la de El Montecillo, este ganado era de garantía. Desgraciadamente se pudo comprobar que no. Algo ha tenido que hacer mal el ganadero para que el comportamiento de sus toros fuera más propio de haber ido directamente al matadero que a una plaza de toros. Mansearon desde que salieron por chiqueros y lo que es peor, la falta de casta era evidente. Toros sin codicia, y que buscaban el camino de la salida en cuanto que alguien en el ruedo solicitaba su colaboración. Eso sí, de correcta presentación, hubo un toro que pesó 622 Kg, que iba camino de cumplir los seis años, y claro, con esa edad o lo manda el ganadero al matadero o lo vende para las calles. Fue una suerte sacarlo en la denominada primera plaza del mundo, ya que para el ganadero significaría un gran negocio, pero para los espectadores, no.

Uno tras otro fueron llenando de mansedumbre el albero de la plaza, y con ello trasmitiendo el sopor a los tendidos. Salvó el sexto, de algo mejor condición y que ofreció la oportunidad de cortar una oreja al torero bilbaíno, Iván Fandiño. La duda que quedó en los aficionados fue ¿qué hubiera ocurrido si ese toro lo lidia otro torero? ¿Hubiera ocurrido lo mismo que los anteriores, que en cuanto remataban los pases se iban a tablas?, ajustándonos a la realidad, el matador lo mantuvo metido en la muleta ligando unas series de redondos bajando la mano. Por el pitón izquierdo el toro tenía menos recorrido y el matador no fue capaz de prolongar la embestida. Se pasó de faena y lo despeno con una estocada baja. El premio concedido fue excesivo. Al tercero de la tarde, Fandiño lo sacó a los medios, y al no someterlo en la muleta el toro salía suelto de los pases, y al menor descuido del matador, se le marcho a tablas. Allí le quito las moscas y lo despenó.

El Cid pasó por Las Ventas como lo viene haciendo en los últimos años, aliviándose como si con el no fuera este negocio. Su primero llevado por su mansedumbre, se le marchaba a tablas en cuanto remataba los muletazos, pero tampoco hizo nada por someterlo, llevarlo muy toreado y dejarle la muleta puesta después de rematar los muletazos para evitar que se le marchara a aquerencias. Cuando un torero está vulgar, el siguiente paso en sus actuaciones es ponerse pesado y eso fue lo que le ocurrió. Su segundo fue otro toro descastado, pero cuando le ponía la muleta delante, remataba para fuera y se colocaba fuera de cacho. En fin el toreo moderno. Se le vio apático y demasiado sobrecargado de corridas.

César Jiménez por su parte no hizo olvidar a sus compañeros de cartel, aunque tuvo un toro, el quinto, que comenzó con buen tranco en la faena de muleta, pero este tipo de toreros necesitan recetarles 100 pases a sus enemigos para conseguir gustarse, pero eso no quiere decir que guste a la concurrencia. El toro tuvo su faena, lo que pasó es que Jiménez no lo aprovecho y después de darle una serie de naturales, eso sí, perdiéndole pasos y rectificando terrenos, el toro se aburrió y se rajó. Era lo lógico. Hay toros que aunque manseen y muestren bondad en sus acometidas, no son tontos. Su primero fue un borrego sin codicia y sin recorrido en la muleta, pero el torero aprovechó para dar un recital toreando metiendo el pico de la muleta, como si los aficionados de esta plaza desconocieran esta forma de torear.

De los toreros de plata destacar un buen par de Roberto Martín, Jarocho, al sexto de la tarde que levantó los oles de la plaza.

©Pepeíllo

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