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sábado, 31 de mayo de 2014

30 de mayo de 2014: Se marcharon las figuras, llegó la casta

Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo Corrida de toros.

Feria de San Isidro, 21º de feria

Ganadería

6 Toros de El Montecillo, encaste Juan Pedro Domecq Díez y Domecq Solís. Bien presentados, mansos y encastados, que trajeron al albero venteño la verdad y con ella volvió la emoción de la fiesta, colocándola donde merece estar. 

Terna:

  1. Miguel Abellán: De blanco y plata. Estocada desprendía y atravesada, pinchazo sin soltar, estocada y cuatro descabellos. Aviso. Silencio Estocada perdiendo la muleta. Oreja con algunas protestas. Se retiró a la enfermería para reaparecer en la quinto. 
  2. Paco Ureña: De. Caña y oro. Estocada pescuecera. Silencio Bajonazo. Silencio. Se retira a la enfermería. 
  3. Joselito Adame: De sangre de toro y azabache. Dos pinchazos y estocada trapacera. Silencio. Pinchazo hondo y bajo. Silencio. 

Presidente: 

D. César Gómez Rodríguez. Sin problemas en sus funciones, el toro coloca a cada uno en su lugar.

Suerte de varas:

  1. Carpetón 553 Kg: En la primera entrada al caballo hizo una fe pelea y el piquero no estuvo afortunado. En la segunda entrada lo colocaron mal y el picador no dejó ver al toro. Manso encastado. 
  2. Balancín 508 Kg: Le tapó la salida en la primera entrada al montado y en la segunda no lo castigó. Manso, blando pero con casta. . 
  3. Farruco 565 Kg: Le arreó la badana el piquero en la primera vara y le tapó la salida. El animal salió suelto. En la segunda vara no se entregó en la pelea y volvió a salir suelto. Manso encastado que ha desarrollado sentido por la mala lidia recibida.
  4. Triunfalista 562 Kg: Picó trasero y le tapó la salida. En la segunda vara el torero no lo dejó ver en el caballo, y el piquero solo marcó el castigo. Manso encastado que no fue picado y el torero pagó las consecuencias. 
  5. Raspiya 665 Kg: El piquero lo castigo trasero tapándole la salida. El toro se dejó pegar. En la segunda vara solo marcó el castigo. Manso encastado y con algo de picante.
  6. Mensajero 595 Kg: Salió suelto al sentir el castigo. En la segunda vara volvió a salir suelto de la pelea mostrando su condición de manso. Manso encastado.

Cuadrillas y otros:

En el primero de su lote fue corneado Miguel Abellán que se retiró a la enfermería después de despenar a su enemigo. Reapareció para matar su toro corrido en quinto lugar en vez del cuarto como le correspondía por el orden de lidia. Paco Ureña había matado al quinto en su lugar. El fin era dar tiempo para que se recuperase el torero madrileño.

En el cuarto Paco Ureña fue alcanzado cuando pasaba de muleta a su enemigo. El toro hizo presa del torero creando momentos dramáticos. Al final aunque salió mermado de facultades terminó con su enemigo antes de retirarse a la enfermería. Según los comentarios al finalizar la corrida, el torero murciano llevaba una cornada que ponía en duda su participación el próximo domingo en la feria. Es lo que tiene la casta, y como siempre digo, por este motivo las figuras huyen de ella. 

Con los rehiletes intentó lucirse la cuadrilla de Miguel Abellán, tanto en el primero como en el quinto. Este toro echaba la cara arriba y fue muy emociónate ver como se la jugaron los toreros.

Sin embargo la nota negativa la pusieron los picadores. Que poca profesionalidad existe en este colectivo. Picaron trasero, algunos en los bajos, les taparon la salida natural del toro y en cuanto podían les hacían la carioca. Midieron mal el castigo, hecho que quedó patente en el segundo de Paco Ureña. Una profesión muy en entredicho, donde solo ellos se han ganado la poca credibilidad que tiene. 

Comentarios:

Se marcharon las figuras después de representar sobre el albero de Las Ventas su papel ante animales indignos para toreros que representan la atracción de los carteles de una feria tan importante como la de San Isidro, y llegaron los modestos, y con ellos la casta en los toros. En una palabra: el mundo al revés. Los toreros hicieron lo que pudieron y los aficionados agradecieron la disposición de los tres matadores, en especial la de Miguel Abellán, de la misma manera que echó de menos la faceta lidiadora, en estos tiempos casi olvidada y desconocida por muchos coletas. La ocasión la requería ya que la corrida reclamó muletas poderosas muchos bureles se fueron al desolladero sin torear, y lo más importante, con las orejas puesta. Una pena para estos maestros que tuvieron la profesionalidad de ponerse delante de una corrida, mansa pero encastada, que no permitió florituras ni ventajas.

Miguel Abellán vino dispuesto a triunfar y casi lo consigue. Trabajo y revolcones le costó la oreja que le cortó a su segundo. Sus enemigos no le regalaron nada, En su primero en cuanto se cruzó al pitón contrario el toro se lo llevó por delante y cuando se echó la muleta a la izquierda el toro le avisó poniéndole los cuernos en el cuello. Así las gastaron los pupilos de Paco Medina, el lema que trajeron de la dehesa fue: o me toreas o te llevó por delante. Es la vitola que deben traer los toros de lidia para que no se pierda la emoción en la fiesta. Continuó valiente el torero la natural, pero no le adelantó la muleta. Su segundo metía la cabeza con más claridad, pero el torero entendió la faena por lo épico y así la realizó. El toro le ganó la partida, pero el torero estuvo muy valiente plantándole cara con las armas que tenía, el valor. El público así lo interpretó y le premió con una oreja. La estocada lo merecía. 

Paco Ureña vino en plan pegapases y sus enemigos no le permitieron esa osadía. Toreó acelerado y en una serie de redondos lo desarmó. El animal se defendía debido a la escasez de fuerzas, pero el torero no se acopló a su enemigo. En su segundo y después de recibirlo por estatuarios, siguió en el toreo en redondo pero no se colocó en su sitio, en un descuido el toro lo alcanzó y le pegó un revolcón infiriéndole una cornada. El torero en un acto de pundonor terminó con su enemigo antes de retirarse a la enfermería.

Al primero de Adame lo recibió por bajo y quedó colocado para el segundo muletazo, pero el toro decidió marcharse al anillo de la plaza y dejó al torero solo y descompuesto con su postura. . En un desarme del torero arrolló a un peón de su cuadrilla que tuvo la suerte de librare de la cornada. El toro no regalaba nada. El torero en un acto de desconocimiento lidiador se le ocurrió echarle la muleta arriba y con ello enseñarle lo que no debía. El animal en cada muletazo sabía lo que dejaba atrás, desarbolando al torero que no encontró los recursos para poderle. A su segundo se limitó a recetarle trallazos muleteros y tuvo la virtud de aguantarle los parones que estremecía a los espectadores, fue el recuro de la valentía, pero el toro necesitaba valor y conocimientos lidiadores, y eso no se lo mostró el mexicano. Otra vez será, torero.



©Pepeíllo.

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