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lunes, 6 de junio de 2016

5 de junio de 2016: La belleza de la suerte de varas


Plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo. Corrida de toros.

Última corrida del ciclo de San Isidro.

Ganadería

6 Toros de D. Eduardo Miura. Encaste propio. Decepcionó el ganado de Miura. Muy desigual de presentación. Mansa y el primero fue devuelto a los corrales siendo sustituido por un sobrero de Valdefresno

Terna:

  • Rafaelillo: De obispo y oro. Tres pinchazos y estocada desprendida. Saludos desde los medios. Estocada y descabello. Silencio. 
  • Javier Castaño: De obispo y oro. Tres pinchazos, el último, al arrancarse el toro fue al encuentro, y cinco descabellos. En uno de ellos casi le engancha el miura. Silencio. Estocada casi entera que el toro cae rodao. Saludos desde los medios.
  • Pérez Mota: De rojo pasión. Bajonazo descarado. Silencio Sartenazo. Silencio. 

Presidente: D. Jesús María Gómez Martín. 

Envió a los corrales al primero de la tarde, permitió la colocación de un cuarto par a cago de Fernando Sánchez y en el sexto permitió que el toro acudiera tres veces al caballo. El sobrero de Valdefresno fue protestado pero el presidente hizo caso omiso, primero al comportamiento del animal y después a las protestas.

Suerte de varas

  1. Tabernero. 605 Kg: Negro listón, meano, bragado corrido. En la primera vara hizo una buena pelea y en la segunda el piquero se limitó a sujetarlo. Manso encastado con un pitón izquierdo de cortijo.
  2. Escribano. 622 Kg. Cárdeno salpicado. En la primera vara el animal se defendió y en la segunda se repuchó. Manso y descastado. 
  3. Tahonero. 545 Kg: Cárdeno, bragado meano corrido y axiblanco. En la primera entrada al caballo el piquero se limitó a sujetarlo y en la segunda se arrancó de largo y el piquero no lo castigó. Manso con casta que desarrolló sentido debido a la mala lidia recibida.
  4. Cordobán. 560 Kg: Negro bragado meano y axiblanco. En la primer vara empujó sin clase y en la segunda se dejó pegar. Descastado y blando
  5. Rivereño. 568 Kg: Negro listón, bragado meano, axiblanco. En la primera de dejó pegar y el piquero le tapó la salida y en la segunda ni se empleó ni fue castigado. Manso que se vino arriba en banderillas y se rajó en la muleta.
  6. Ojeador. 647 Kg Negro entrepelado, bragado meano corrido y axiblanco. Acudió al caballo tres veces, en la primera el piquero rectificó el castigo y en la segunda y tercera el toro acudió de largo y el picador midió el castigo. Encastado, pero en la muleta dio poco juego.

Cuadrillas y otros:

Después de concluir el paseíllo los espectadores le dedicaron una cariñosa ovación a Javier Castaño, el torero reaparecía en este coso después de superar una penosa enfermedad. 

Los toros de Zahariche llenaron la plaza. No cabía ni un alma. Los toreros brindaron sus primeros toros al Rey Emérito presente, como es habitual, en la meseta de toriles. 

El picador Francisco Vallejo abandonó el albero entre aplausos por su labor en el sexto, donde el torero dejó ver al toro y el picador estuvo a la altura de su enemigo, citándolo con el animal colocado en los medios, midiendo el castigo y marcando la puya en el morrillo. Ya era hora que un torero dejase ver al toro y lo colocara de largo para poder comprobar su comportamiento y la belleza de esta suerte.

Fernando Sánchez se tuvo que desmonterar en el quinto al parear a su enemigo con entrega, valor y profesionalidad. Al no quedar conforme con el par colocado, ya que le faltó ganarle la cara al toro en el embroque, solicitó la colocación de un segundo y estuvo realmente bien. Ya el en segundo toro había demostrado la disposición de un profesional en la colocación de un par. Dejándose ver, caminando lentamente hacía su enemigo y dándole todas las ventajas al toro. Así hizo la suerte y el respetable se lo agradeció con una sonora ovación.

Comentarios:

Tuvo que salir Ojeador en sexto lugar, ejemplar de la ganadería de Miura y que cerraba la feria, para que los aficionados pudieran disfrutar de la suerte de vara, esto unido a que un presidente no cambiara el tercio al segundo puyazo. Tres veces acudió el toro al montado, puesto de largo y arrancándose con tranco. Tuvo que ser un torero modesto, de los que en su palmarés suman una o dos corridas al año y que su apoderado con habilidad en los despachos, lograra meterlo en San Isidro, eso sí, con ganado que las figuras, que matan toros desmochados, solo su nombre les debe causar pavor. El animal dio espectáculo y el picador estuvo a la altura de lo que podía exigirse. 

Con este toro y con los rehiletes, tuvo que desmonterarse el torero de plata, Raúl Ruiz, al colocar dos pares, sobre todo el tercero, ya que el primero quedó un poco trasero, que hizo rugir los tendidos. Pero la felicidad dura muy poco en casa del pobre, y cuando el toro llegó a la muleta ya había ofrecido todo lo que tenía y el torero se encontró con un animal, que se quedaba corto por ambos pitones, y según transcurría la faena terminó por no tragarse ningún muletazo. En el tercero Pérez Mota no encontró en su muleta el temple y el aguante para soportar las acometidas de su enemigo, un animal que debido a la mala lidia había desarrollado sentido. El inicio fue prometedor, se arrancó de largo pero el torero no asentó las zapatillas en la arena, notándosele la falta de paseíllos para hacer frente a un animal de esas condiciones, pero tuvo la dignidad de anunciarse en los carteles con esta divisa de negra leyenda. 

La tarde no comenzó bien, ya que el primero, un animal feas hechuras e impropio para esta plaza, fue devuelto a los corrales por inválido, se corrió turno y en su lugar salió el cuarto. Con él, Rafaelillo casi encontró la horma de su toreo, ese que necesita el toro encastado para transmitir la emoción a los tendidos. El animal metía la cabeza con claridad por el pitón izquierdo y el torero estuvo muy digno con él, pero a su faena le faltó ese punto de continuidad, sobretodo en el toreo al natural. A muletazos sin descomponer la figura ofrecía otros faltos de remate. Finalizó la faena citando con la izquierda de frente, con ese empaque que caracteriza al torero murciano. El cuarto, fue un sobrero de Valdefresno, un autentico zambombo que llenaría de vergüenza a cualquier ganadero vender ese animal y al empresario comprarlo, para después lidiarlo en la mal llamada primera plaza del mundo. El animal no se entregó en la pelea, y en cuanto lo sometía el burel, perdía las manos. Eso unido a que Rafaelillo no necesita inventarse toros, la dignidad de su muleta encaja perfectamente con toros que exigen el carnet de torero a quienes tienen la honradez de ponerse delante de ellos, y aunque su franela no respondió a las exigencias de su enemigo, tampoco trampeó la faena para llenar de vulgaridad el albero venteño. 

El primero de Javier Castaño fue un manso y descastado Miura, un animal que llegó a la muleta sin un pase, tanto en redondos como al natural y cuando acudía lo hacía con la cara alta.. La voluntad del torero lo mantuvo en el ruedo intentando sacarle algún muletazo, pero el burel fue ruin en exceso. Su segundo dio la impresión de haberse venido arriba en banderillas pero cuando llegó a la muleta mostró una indisponibilidad manifiesta por el pitón derecho y por el izquierdo le encontró el gusto de rebañar, negándole al torero cualquier posibilidad de lucimiento. Esperamos que otro momento sea el adecuado, torero. 



©Pepeíllo

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